La agricultura de carbono surge como una alternativa para que los productores de Navarra (España) fortalezcan la salud del suelo, aumenten la resiliencia de sus explotaciones y exploren formas de secuestro de CO₂, en un contexto marcado por la necesidad de afrontar el cambio climático y mejorar la sostenibilidad del sector. El Gobierno de Navarra, junto con entidades técnicas como INTIA y la Universidad Pública de Navarra (UPNA), ha elaborado un estudio que analiza prácticas que capturan carbono en el suelo, sus beneficios ambientales y agronómicos, y su viabilidad para los agricultores, pero advierte que su implementación debe integrarse dentro de una estrategia productiva integral, no solo como fuente de ingresos a través de mercados de carbono.
¿Qué es la agricultura de carbono y cómo beneficia al campo?
La agricultura de carbono, también conocida como carbon farming, se refiere a un conjunto de prácticas agronómicas y de manejo del suelo que permiten capturar dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera y almacenarlo de manera duradera en el suelo y en la biomasa de las plantas. Este enfoque no solo contribuye a la mitigación del calentamiento global, sino que puede mejorar la calidad del suelo, incrementar su contenido de materia orgánica y favorecer la retención de agua, aspectos clave en sistemas de producción con alta demanda de recursos.
El estudio realizado en Navarra pone de manifiesto que prácticas concretas como la siembra directa, el uso de cubiertas vegetales o la aplicación de enmiendas orgánicas contribuyen a fortalecer la estructura y vitalidad del suelo. Este conjunto de mejoras puede traducirse, además, en una menor dependencia de insumos externos y en una mayor capacidad de adaptación a condiciones climáticas adversas, lo cual es especialmente relevante para productores que suministran materias primas a la industria de alimentos balanceados para la ganadería.
Integración técnica y económica para explotaciones sostenibles
Aunque los beneficios potenciales son múltiples, el estudio destaca que la adopción de la agricultura de carbono no debe limitarse a la expectativa de ingresos por la venta de créditos de carbono. Para que las explotaciones agrarias de Navarra se beneficien de estas prácticas, su implementación debe responder a evaluaciones técnicas, asesoramiento científico y análisis de viabilidad económica.
Para ello, el análisis contempla escenarios de manejo agrícola habitual frente a aquellos que incorporan prácticas de carbono durante un periodo de diez años, evaluando variables como el secuestro de carbono en el suelo, las emisiones asociadas al manejo agrícola y los costes de implantación y certificación. Este enfoque permite estimar qué medidas ofrecen una mejor relación coste‑eficiencia y qué precio mínimo del carbono en mercados voluntarios sería necesario para que estas prácticas sean rentables para las explotaciones.
Retos y perspectivas climáticas
La agricultura de carbono se presenta como una herramienta dentro de un enfoque más amplio de agricultura sostenible y resiliente que busca contribuir tanto a la mitigación del cambio climático como al fortalecimiento del sector primario. Sin embargo, su éxito dependerá de la capacidad de los productores para adaptarse a nuevas prácticas, de la disponibilidad de asesoramiento técnico continuo y de la evolución de los marcos regulatorios europeos y nacionales que reconozcan y certifiquen el secuestro de carbono en los suelos.
Fuente: La agricultura de carbono, una oportunidad para los productores de Navarra
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