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El potencial de la producción porcina para reducir su impacto medioambiental

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El potencial de los sistemas de producción porcina para reducir su impacto medioambiental y contribuir al objetivo de Carbono Neto Cero


Las industrias ganaderas, incluida la producción porcina, están actualmente bajo escrutinio en cuanto a su impacto medioambiental.

Se espera que este escrutinio se intensifique paralelamente al aumento de la preocupación por el cambio climático y la posible contribución de la ganadería al calentamiento global.

Aunque la contribución al impacto medioambiental por unidad de carne de los sistemas de producción porcina es relativamente baja, la carne de cerdo es, al menos por el momento, el tipo de carne que más se produce y consume en todo el mundo y, por tanto, contribuye significativamente a varios tipos de impacto medioambiental.

En 2013 se estimó que la contribución total de la producción porcina a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) fue de 668 millones de toneladas de CO2-eq, es decir, el 9% de las emisiones de GEI producidas por la producción animal.

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Además, se considera que la producción porcina contribuye, en gran medida, a la acidificación y eutrofización del medio ambiente debido a las emisiones de nitrógeno (N) y fósforo (P) procedentes del almacenamiento y utilización del purín en campos de cultivo.


Tradicionalmente, las mejoras en la cría y el manejo de los cerdos han tenido el objetivo de aumentar la eficacia de sus sistemas, especialmente en lo que respecta a la eficiencia con la que se utilizan recursos como el pienso.

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⇀ Mejora genética

Por ejemplo, la selección genética ha tenido como objetivo:

Aumentar la tasa de crecimiento

Mejorar las características de la canal, como la mejora del rendimiento magro

Mejorar el rendimiento reproductivo de las cerdas

⇀ Mejora en nutrición y alimentación 

También han contribuido a ello las mejoras en la utilización de los piensos, mediante, por ejemplo:

El uso de enzimas exógenos y aminoácidos sintéticos

Los avances en la tecnología de fabricación de piensos

Asimismo, cualquier mejora en la eficiencia de la utilización de los recursos mejorará, al mismo tiempo, el impacto medioambiental de estos sistemas.

Esto se debe a que las actividades asociadas a la alimentación, incluida la gestión de purines, son responsables de la mayor parte de las emisiones de GEI en los sistemas porcinos y en otros sistemas ganaderos. En el caso de los cerdos, esto supone más del 70% del impacto de sus sistemas de producción.

Las emisiones asociadas a la producción de piensos son especialmente elevadas si se tiene en cuenta el cambio de Uso de Terreno Agrícola (ALU, del inglés Agricultural Land Use Change) que supone la deforestación vinculada, por ejemplo, a la producción de soja, que hasta hace poco era la principal fuente de proteínas para alimentar a los cerdos.

Las emisiones de metano entérico en la producción porcina son insignificantes, pero las emisiones de metano y óxido nitroso de los purines son más notables.

Dada esta asociación entre las actividades relacionadas con la alimentación y el impacto medioambiental de los sistemas de producción porcina, no es de extrañar que la fase de producción que más contribuye al impacto medioambiental sea la fase de engorde, donde el consumo de pienso es mayor y la eficiencia de utilización del mismo es menor.

Naturalmente, lo contrario ocurre en la fase de transición, especialmente en el caso de los lechones de destete temprano cuyo impacto medioambiental es mínimo.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, recientemente hemos estimado la evolución del impacto ambiental de los sistemas de producción porcina en Gran Bretaña a lo largo de los últimos 20 años, es decir, desde el año 2000.

Dado que casi el 50% de las cerdas en el Reino Unido se crían al aire libre, consideramos tanto el sistema convencional (intensivo) como el sistema de producción al aire libre (extensivo).

Consideramos todas las categorías de impacto ambiental por las razones antes señaladas:

Emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Potencial de acidificación (PO4 eq) y eutrofización (SO2 eq) (tanto en agua dulce como en agua marina).

ALU (cambio de Uso de Terreno Agrícola, por sus siglas en inglés).

Uso de combustibles fósiles.

Se ha comprobado que, durante el periodo considerado, las emisiones de gases de efecto invernadero se han reducido en casi un 40%, mientras que las reducciones en todas las demás categorías de impacto ambiental se acercan más al 20%.

La reducción más baja, cercana al 15%, se ha producido en el uso de combustibles fósiles.

Todas estas reducciones ocurrieron casi como un efecto secundario, sin ser objetivo claro de la industria y sin ningún apoyo significativo del gobierno.

Lo que hace que esto sea más notable es que la producción de carne de cerdo en el Reino Unido ha sido la misma en 2020 que en 2000. ¡La reducción del impacto medioambiental se debe exclusivamente a la mejora de la eficiencia de la producción y no a la simple reducción del número de cerdos!

Figura. Evolución temporal del impacto medioambiental relativo por 1 kg de cerdo vivo en la explotación desde 2000 hasta 2017 de los sistemas de cerdos criados en interior y exterior en Gran Bretaña. La línea de base (1 unidad) es el impacto ambiental de los sistemas durante el intervalo de tiempo 2000-2002. Las categorías de impacto ambiental mostradas son consistentes con las recomendaciones de LEAP (FAO, 2018b).

 

Entonces, ¿qué ha provocado estos cambios tan drásticos en el impacto medioambiental derivados de la producción porcina en el Reino Unido?

En primer lugar, los cambios importantes en el rendimiento de los animales a lo largo del tiempo, siendo los más significativos el aumento de:

La ganancia media diaria de los cerdos en fase de acabado

Del peso de sacrificio de los cerdos de producción

Del número de lechones nacidos vivos (aunque el número de camadas por cerda y año apenas ha cambiado)

De la tasa de reposición de las cerdas

Sin embargo, también se ha observado un aumento del peso de sacrificio (de ~90 a 110 kg), aumentando el coste de mantenimiento energético y proteico, y haciendo que el animal sacrificado sea menos magro.

 

Estas dos tendencias se contrarrestan en cierto modo, pero junto al hecho de obtener canales más magras en los últimos años, han supuesto una reducción en la concentración de energía en los piensos a lo largo del tiempo, mientras que la concentración de proteína se ha mantenido estable.

La contribución más significativa a los cambios en el impacto medioambiental de los sistemas de producción porcina se asocian a los cambios en el manejo de la alimentación.

A lo largo del tiempo ha habido dos tendencias importantes en cuanto a la inclusión de ingredientes en los piensos:

Los aceites (caros) dejaron de estar presentes en los últimos años.

La cebada sustituyó al trigo, especialmente en los piensos para cerdas.

 

Esto fue consecuencia de la reducción de las necesidades energéticas, tal y como se ha comentado anteriormente.

Asimismo, la harina de soja se sustituyó gradualmente por harina de colza, que también tiene un menor contenido energético.

El potencial de calentamiento global fue la categoría de impacto más sensible debido a su gran dependencia de la inclusión de la harina de soja en el pienso, especialmente para los cerdos de producción.

 

 


Algunos de los cambios en la composición de los piensos también pueden explicarse por los cambios en los precios de los ingredientes de los piensos.

 

La inclusión de harina de colza se ha impuesto durante las últimas etapas del periodo estudiado, ya que su precio sólo ha aumentado ligeramente en comparación con las variaciones del precio de la harina de soja.

⇒ La inclusión de coproductos de la industria agroalimentaria, como la harina de panadería y de galletas, en los piensos ha aumentado a medida que subían los precios de los cereales, pero sus precios se han mantenido relativamente constantes.

⇒ La harina de girasol también se ha convertido en una importante fuente de proteínas desde que empezó a estar disponible en Gran Bretaña después de 2009.

 

Se ha demostrado que unos niveles más altos de inclusión de coproductos en los piensos para cerdos reducen el impacto medioambiental de los sistemas de producción porcina, lo que se traduce en beneficios, tanto económicos como de reducción del impacto medioambiental.

Aunque su impacto no se ha estimado explícitamente, la inclusión de enzimas exógenas y aminoácidos sintéticos en los piensos para cerdos ha aumentado a medida que éstos han estado disponibles y han sido económicamente viables.

En resumen, los beneficios (reducciones) en el impacto medioambiental de los sistemas porcinos se pueden atribuir a:

Los cambios en el rendimiento de los animales, permitiendo una menor concentración de energía en los piensos.

La inclusión de ingredientes alternativos cultivados localmente siempre que sea posible.

 

Aunque no se han realizado estimaciones similares sobre el cambio del impacto medioambiental de los sistemas de producción porcina en toda Europa a lo largo del tiempo, principalmente por la falta de datos adecuados, es de esperar que se observen las mismas tendencias.

Se están produciendo cambios en el uso de fuentes de cereales en la alimentación de los cerdos, siendo la inclusión del centeno quizás la más prometedora en términos de impacto medioambiental.

Los niveles de proteína en los piensos se han reducido hasta en un tercio, lo que ha permitido disminuir las emisiones de amoníaco (NH3) y óxido nitroso (N2O).

Es notable el éxito en la utilización de fuentes proteicas autóctonas, como la harina de colza, en sustitución de la soja (aunque su perfil de aminoácidos no sea tan adecuado para los cerdos), y la colza es más fácil de cultivar en los climas del norte de Europa.

 

El uso de la soja en los sistemas ganaderos europeos es un tema controvertido debido a la deforestación en Brasil y Argentina, de donde procede la mayor parte de la soja importada a Europa.

 

Existe una moratoria entre las empresas compradoras de soja para que no compren soja procedente de tierras recientemente deforestadas, pero se puede eludir esta norma haciendo pastar al ganado en la tierra antes de cultivar soja en ella. Esto implica que es probable que continúe el impacto medioambiental asociado a la incorporación de soja importada.

Así pues, la pregunta obvia es si la producción porcina en Europa deben dormirse en los laureles del éxito obtenido en la reducción de su impacto medioambiental, o si existen posibilidades de nuevas reducciones. Es probable que los avances y las tendencias en la cría y gestión de la producción de cerdos contribuyan a ello.

A continuación se resumen algunos de esos posibles avances y las consecuencias que pueden tener:

Eficiencia

Es probable que continúen las mejoras en los caracteres de los cerdos asociados a la eficiencia. Como se ha comentado anteriormente, los objetivos de mejora de los resultados económicos de la producción porcina ya han contribuido a reducir el impacto medioambiental de los sistemas porcinos y es probable que sigan haciéndolo.

Sin embargo, es probable que el ritmo de cambio de estos caracteres se reduzca cuando se alcance cierto límite.

Sanidad.

La contribución de la sanidad porcina a la sostenibilidad medioambiental se ha tenido en cuenta en pocas ocasiones.

Sin embargo, una de las principales consecuencias de los problemas sanitarios es la disminución de la eficiencia en el uso de los recursos alimenticios, lo que a su vez tiene consecuencias en el destino de las emisiones.

Por lo tanto, no es de extrañar que las mejoras en la sanidad animal y, especialmente, en la capacidad de recuperación de los cerdos, es decir, su capacidad de rendimiento durante la infección, tengan consecuencias en el impacto medioambiental.

El reto consiste en cuantificar cuáles serían estas consecuencias.

Nuevos ingredientes o ingredientes alternativos.

La disponibilidad de recursos alimenticios novedosos o alternativos está mejorando a un ritmo espectacular.

Se está investigando mucho en la identificación de tales recursos, por ejemplo, proteínas derivadas de insectos, proteínas de algas, proteínas de células microbianas, etc., y es probable que algunas de ellas se conviertan en alternativas rentables a las fuentes de proteínas importadas.

Es preciso debatir si estas fuentes de proteínas, así como las «nuevas» fuentes de proteínas cultivadas localmente, contribuirán también a reducir el impacto medioambiental de los sistemas de producción porcina.

  Los cerdos han sido considerados tradicionalmente como recicladores de residuos, lo que los convierte en muy buenos candidatos para tener un papel central en la agricultura circular.

Actualmente, algunos de los flujos de residuos de la producción de alimentos acaban en procesos de incineración, sin tener en cuenta el papel que pueden tener los cerdos en su aprovechamiento. Como consecuencia, se pierde un valioso paso en el aprovechamiento de materia seca potencialmente utilizada como alimento.

La industria europea incorpora cada vez más materiales procedentes de flujos de residuos, como los alimentos desechados, y es probable que aumente su dependencia de ellos.

Avances tecnológicos.

Los avances tecnológicos permiten mejorar la gestión del ganado porcino gracias a:

Un suministro más eficiente de nutrientes a los cerdos en la fase adecuada de su crecimiento.
La detección temprana de problemas de salud y bienestar.
Un control más eficaz del entorno de la explotación.

Todo ello englobado en el término de ganadería de precisión. En la actualidad no sabemos si su implementación se asociará a una reducción del impacto ambiental y en qué medida, pero es probable que así sea. Hay continuos avances en la mejora de la gestión del purín, tanto en la granja como fuera de ella.

Los digestores anaeróbicos que utilizan estiércol y purines para generar energía, pero que también suelen utilizar otras materias primas, como el ensilado de hierba, centeno o maíz, son un buen ejemplo.

Al ser un sector que históricamente no ha recibido un gran apoyo, el sector porcino siempre se ha esforzado para adoptar nuevas prácticas y aprendizajes que garanticen las mejores prácticas y la máxima eficiencia en la producción.

Estas adopciones ya han reducido el impacto medioambiental de los sistemas porcinos en toda Europa y fuera de ella.

Las políticas públicas, como el fomento de la evaluación comparativa o la adopción de tecnologías, pueden reforzar el éxito y mantener este impulso positivo reduciendo aún más las emisiones.

 

 

 

 

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