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Uso de Pre y Probióticos en la alimentación de monogástricos

Escrito por: Márcia Gabrielle Lima Cândido - Veterinaria y doctora en Construções Rurais e Ambiência DEA/UFV
Probióticos

Uso de Pre y Probióticos en la alimentación de monogástricos

La microbiota del tracto gastrointestinal (TGI) de los mamíferos comprende aproximadamente 1014 microorganismos e incluye una amplia diversidad de especies microbianas (Míguez et al., 2016; Yang e Xu, 2018; Yazad et al., 2020). El TGI es el órgano más colonizado del organismo.

Estudios recientes indicaron que la dieta tiene un efecto considerable sobre la modulación de la microbiota intestinal (Donaldson et al., 2016; Lalles, 2016). Algunos de los principales aditivos utilizados en la nutrición animal para la modulación de la microbiota intestinal son los probióticos y los prebióticos.

 

Probióticos

A pesar de que los probióticos ya fueron usados hace muchos años, fue en la década de 1960, en que se demostró por primera vez que las cepas de Lactobacillus eran capaces de mejorar el desempeño de crecimiento de los cerdos (Ahasan et al. 2015). Desde entonces, los probióticos más frecuentemente usados en monogástricos son las levaduras (Saccharomyces boulardii y S. cerevisiae) y las bacterias (Lactobacillus spp., Enterococcus spp., Pediococcus spp., Bacillus spp.) que tienen como lugar de acción el ciego y el colon.

Los beneficios más comunes del uso de los probióticos para monogástricos son:

 

Es importante destacar que los probióticos desempeñan un importante papel en la prevención de diarrea en los lechones. Además, los probióticos como Enterococcus faecium y Bacillus subtilis pueden reducir la concentración de amonio en las excretas de las aves (Dhama et al., 2008), lo que colabora en el mantenimiento de la cama, la calidad del aire en los galpones, la reducción de problemas respiratorios y en las lesiones del cojín plantar.

 

Producción de sustancias antimicrobianas, como ácidos orgánicos (principalmente ácido láctico, acético y fórmico), bacteriocinas, peróxido de hidrógeno y otros compuestos que inhiben los patógenos intestinales (Corcionivoschi et al., 2010; Murali y Kavitha, 2010);

Producción de enzimas (por ejemplo, proteasas, amilasas, lipasas y glicosidasas) por la microbiota. Bifidobacterium bifidum produce una ADN polimerasa que fue descripta como importante en la reparación de células damnificadas;

Reducción de aminas tóxicas, que son producidas por algunos microorganismos intestinales, y que tienen actividad irritante y tóxica o causan diarrea;

Competición por nutrientes y/o por lugares de fijación (exclusión competitiva) en la mucosa intestinal con bacterias potencialmente patógenas y, por tanto, evitan que las bacterias patógenas colonicen el tracto intestinal;

Estímulo del sistema inmunológico, sea directa o indirectamente, por medio de la modulación de la flora comensal o del sistema inmunológico. Los probióticos desempeñan un papel en las respuestas inmunes específicas y no específicas del huésped y en el estímulo de la producción de citocinas pro y antiinflamatorias (O’Hara y Shanahan, 2006; Walsh et al., 2008; Wang et al., 2009).

Algunas cepas probióticas actúan como inmunomoduladores, aumentando la actividad de los macrófagos y los niveles de anticuerpos locales, induciendo la producción de interferón, y activando así, células Natural Killer (Yasui et al., 1989; Perdigon et al., 2001).

 

Probióticos más utilizados como aditivos en la nutrición animal

Lactobacillus 

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