Características y relevancia para la supervivencia de la camada
El calostro representa la secreción primaria de la glándula mamaria, producida por la cerda exclusivamente durante las primeras 24 horas post-parto. Frecuentemente denominado “oro líquido”, esta matriz biológica se caracteriza por una elevada densidad de inmunoglobulinas (IgG, IgA, IgM), péptidos bioactivos, factores de crecimiento (como IGF-1 y EGF), nutrientes altamente asimilables, y componentes probióticos y prebióticos específicos, todos ellos indispensables para la transición a la vida extrauterina y el desarrollo del tracto gastrointestinal (Costa et al., 2023).
Dado que la placenta porcina es epiteliocorial, es impermeable a la transferencia de macromoléculas de anticuerpos durante la gestación. En consecuencia, la ingestión oportuna de calostro es el único vehículo para la transferencia de anticuerpos de origen materno (MDAT), o inmunidad pasiva.
| La ingesta efectiva de calostro no solo es determinante para la supervivencia neonatal, sino que también se correlaciona directamente con el vigor del lechón y el rendimiento zootécnico a largo plazo. Sin embargo, la presión selectiva actual hacia líneas genéticas hiperprolíficas ha introducido desafíos fisiológicos significativos: el aumento del tamaño de camada se asocia frecuentemente con la restricción del crecimiento intrauterino (RCIU), lo que lleva a una reducción de los pesos medios al nacimiento y a una elevada heterogeneidad de los pesos al nacimiento. |
Las camadas que superan los 16-18 lechones nacidos vivos pueden sobrepasar la capacidad funcional de lactación de la cerda, de modo que la disponibilidad de calostro per capita resulta insuficiente para cubrir los requisitos mínimos (óptimo: 200-250 mg/lechón). Este desequilibrio entre la oferta de calostro y el tamaño de la camada compromete la transferencia de anticuerpos, aumentando así la susceptibilidad a los patógenos y las tasas de mortalidad predestete.
| Más allá de las variables cuantitativas, el control de la calidad del calostro es fundamental. En este análisis examinaremos las propiedades bioquímicas del calostro y los distintos factores que pueden influir en su calidad. |
Perfil nutricional y composición inmunológica
Desde el punto de vista nutricional, el calostro porcino se caracteriza por una elevada concentración proteica (aproximadamente el 16,5%) (Hurley, 2015). Estas proteínas están constituidas principalmente por caseínas (10-20%) y proteínas del suero, siendo estas últimas compuestas en más de un 80% por inmunoglobulinas.
En cuanto al perfil de inmunoglobulinas, la IgG es la más abundante, seguida de IgA e IgM. Mientras que IgG e IgM provienen directamente del suero materno, aproximadamente el 60% de la IgA se sintetiza localmente en la glándula mamaria a través del eje intestino- glándula mamaria. En este proceso, las células inmunitarias se activan en el intestino materno —concretamente en las placas de Peyer— y posteriormente migran a través de la circulación sistémica para colonizar la glándula mamaria. Este mecanismo garantiza que el neonato esté protegido frente a los patógenos específicos con los que la madre ha entrado en contacto en su dieta o entorno inmediato. Estos anticuerpos son transferidos por los enterocitos del intestino delgado al torrente sanguíneo del lechón durante las primeras 24 a 48 horas de vida, proporcionando una defensa crítica frente a infecciones bacterianas y víricas.
En cuanto a los macronutrientes energéticos, el calostro contiene inicialmente concentraciones relativamente bajas de grasa (6,5%) y lactosa (2,8%). Sin embargo, la composición bioquímica experimenta rápidas fluctuaciones en las horas siguientes al parto. En las primeras 24 horas, los niveles totales de proteína descienden al 7,7%, mientras que las concentraciones de grasa y lactosa aumentan hasta el 8% y el 4%, respectivamente. Esta transición hacia la leche madura continúa rápidamente; en el séptimo día de lactación, los valores medios de proteínas, grasas y lactosa se estabilizan en torno al 5,4%, 7,5% y 5,5% (Hurley, 2015).
Bioactividad del calostro
Más allá de los aspectos nutricionales, el calostro contiene moléculas bioactivas como nucleótidos, oligosacáridos, péptidos y ácidos orgánicos. Aunque estas sustancias han sido ampliamente documentadas en el calostro humano y bovino, el perfil metabolómico del calostro porcino sigue siendo objeto de investigación para comprender mejor su impacto en la salud y el rendimiento productivo del lechón (Picone et al., 2018).
Factores antimicrobianos
Factores antimicrobianos como la lactoferrina, la lisozima y la lactoperoxidasa desempeñan un papel sinérgico en la defensa neonatal.
Lactoferrina: glicoproteína notable por su capacidad de secuestrar hierro, inhibiendo así la proliferación de microorganismos patógenos mediante acción bacteriostática y antibacteriana. Este mecanismo de captación de hierro también activa células inmunitarias como macrófagos, neutrófilos y linfocitos, al tiempo que proporciona beneficios antioxidantes.
Lactoperoxidasa: cataliza la oxidación del tiocianato en presencia de peróxido de hidrógeno para producir intermediarios tóxicos para las bacterias, con actividad bactericida frente a bacterias Gram-negativas y efectos bacteriostáticos sobre las especies Gram-positivas.
Lisozima: degrada el peptidoglicano de las paredes celulares de las bacterias Gram- positivas; su eficacia se potencia por la acción sinérgica de la lactoferrina.
Taurina
Entre los distintos metabolitos, la taurina —un aminoácido sulfónico no proteogénico— es especialmente relevante por su asociación con el aumento de las tasas de supervivencia y la ganancia de peso. Está implicada en diversas funciones biológicas, como el desarrollo del sistema nervioso central y la conjugación de ácidos biliares, que facilita la absorción lipídica. Además, mejora el metabolismo hepático de lípidos y glucosa, promueve la excreción renal de toxinas y favorece la contractilidad de los músculos esqueléticos y cardíacos, aumentando así el gasto cardíaco.
Factores de crecimiento y salud intestinal
El calostro favorece también la proliferación y maduración del epitelio intestinal a través de una elevada concentración de factores de crecimiento, como los Factores de Crecimiento Similares a la Insulina I y II (IGF-I, IGF-II), el Factor de Crecimiento Transformante beta 1 y 2 (TGF-β1, TGF-β2) y el Factor de Crecimiento Epidérmico (EGF). Una investigación reciente de Stefan et al. (2023) correlacionó los cambios morfológicos intestinales en lechones con el peso al nacimiento y la ingesta de calostro durante las primeras 24 horas. El estudio constató que un lechón de 700 g que consumía 100 g de calostro presentaba una morfología intestinal similar a la de un lechón más pesado (900 g de peso vivo) que consumía 200 g de calostro.
Por el contrario, los lechones que recibían solo 50 g de calostro desarrollaban lesiones intestinales graves y diarrea, lo que sugiere que una ingesta insuficiente conduce a cambios morfoestructurales irreversibles que comprometen la capacidad absortiva y el rendimiento a largo plazo.
Datos adicionales de Langedjik et al. (2023) compararon los grupos de baja ingesta (<250 g) y alta ingesta (>300 g), revelando que el tamaño físico y el peso del íleon y el colon fueron un 9-15% inferiores en los lechones con escasa ingesta de calostro. Este estudio también evidenció una correlación significativa con el peso al destete, ya que los lechones de baja ingesta pesaban aproximadamente 1 kg menos a los 23 días de edad en comparación con los de alta ingesta.
El impacto se extendió al desarrollo reproductivo, donde la mayoría de las medidas macroscópicas y microscópicas del útero y el cérvix eran inferiores en las cerdas que habían recibido cantidades reducidas de calostro como neonatos. Estos hallazgos sugieren que, más allá de la supervivencia inmediata, la ingesta precoz de calostro tiene efectos de programación a largo plazo sobre el desarrollo de los órganos.
Finalmente, una revisión de Boudry et al. (2008) analizó la inclusión de calostro bovino en dietas de destete (consumo: 50-100 g/kg). El destete es un periodo crítico en el que múltiples factores estresantes desencadenan frecuentemente el síndrome de hiperpermeabilidad intestinal. La revisión reportó resultados positivos tanto en la morfología intestinal —evidenciados por una mayor altura de vellosidades y menor profundidad de las criptas— como en la eubiósis intestinal, con mayores concentraciones de Lactobacillus y Bifidobacterium beneficiosos.
Factores que influyen en la composición del calostro
La calidad fisicoquímica y el volumen del calostro son determinantes primarios de la supervivencia neonatal, el desarrollo del sistema inmunitario y el rendimiento productivo de los lechones. La variabilidad en la composición del calostro está determinada por una compleja interacción entre genética, nutrición y manejo de la cerda.
Genotipo
El trasfondo genético de la cerda desempeña un papel crucial en la modulación del perfil bioquímico del calostro, influyendo en las concentraciones de macromoléculas (proteínas, lípidos, lactosa), inmunoglobulinas y metabolitos secundarios.
Una investigación reciente realizada en la Universidad de Bolonia ha aportado información detallada sobre la comparación entre las principales razas utilizadas en la producción porcina moderna: Duroc, Large White y Landrace. Según los estudios de Amatucci et al. (2022), el calostro de cerdas Duroc se caracteriza por un elevado contenido en sólidos totales, lo que resulta en una secreción más densa con una fracción lipídica superior. Desde el punto de vista inmunológico, estas cerdas producen calostro con mayores concentraciones de IgG e IgA, mejorando potencialmente la transferencia de inmunidad pasiva.
Por el contrario, las razas blancas (Large White y Landrace) presentan un perfil orientado a la homeostasis metabólica inmediata del neonato. La elevada concentración de lactosa actúa como sustrato energético primario para la termogénesis y el cierre del déficit energético post- parto. La presencia concomitante de niveles elevados de creatina y taurina indica una especialización funcional en el soporte de la vitalidad muscular y la resiliencia neonatal (Picone et al., 2018).
Estacionalidad
Más allá de las variaciones bioquímicas, la estacionalidad ejerce un impacto significativo sobre los metabolitos asociados al estrés oxidativo y la homeostasis energética (Picone et al., 2018). Las fluctuaciones en compuestos relacionados con la bioenergética celular entre invierno y verano sugieren una adaptación plástica de la cerda, orientada a modular el perfil nutricional del calostro para optimizar la resiliencia térmica de la camada.
Invierno: durante los periodos de bajas temperaturas, se observa una mayor concentración de acetato. Este compuesto, fundamental para la síntesis lipídica, proporciona al lechón el “combustible” necesario para la termogénesis, esencial para contrarrestar el frío ambiental. Por el contrario, en invierno se registra un descenso de la creatina en el calostro; si los planes nutricionales durante la gestación tardía son inadecuados, la energía materna se desvía hacia el mantenimiento térmico propio de la cerda y el desarrollo fetal, reduciéndose la secreción de creatina.
Verano: los valores más elevados de creatina durante la estación cálida sugieren una mejor concentración energética en el calostro. Sin embargo, cabe señalar que la reducción de la ingesta de pienso provocada por el estrés calórico puede comprometer la calidad y composición global del calostro.
Paridad
La paridad no es simplemente un dato cronológico, sino un factor que transforma la composición del calostro (Segura et al., 2020). Uno de los aspectos más evidentes concierne al equilibrio entre grasas y carbohidratos:
Cerdas primíparas: en cerdas jóvenes o de primer parto, el calostro tiende a ser menor en volumen pero más concentrado y rico en lípidos, un recurso energético vital para los lechones (Nuntapaitoon et al., 2020).
Cerdas multíparas: a medida que la cerda madura, su capacidad de producción aumenta drásticamente. Este mayor volumen de secreción conlleva una mayor concentración de lactosa, que atrae osmóticamente agua a la glándula mamaria, produciendo una “dilución” natural del componente graso (Beyer et al., 2007).
Más allá de los aspectos nutricionales, la paridad desempeña un papel crucial en la maduración del sistema inmunitario mamario. Normalmente el perfil de inmunoglobulinas es menos rico en cerdas primíparas: por ejemplo, Carney- Hinkle et al. (2013) encontraron mayores concentraciones de IgA en cerdas de cuarto parto. Esto ocurre porque la IgA deriva en gran medida del eje intestino- glándula mamaria: con el tiempo y a través de la exposición constante a estímulos ambientales, la madre refina su capacidad de transferir protección inmune específica frente a los patógenos locales.
| Finalmente, el estado sanitario de la glándula mamaria evoluciona con las paridades (Amatucci et al., 2022). Las cerdas de primer parto suelen mostrar un mayor Recuento de Células Somáticas (RCS), indicativo de una glándula aún en fase de desarrollo o caracterizada por un estado sanitario menos estable en comparación con las cerdas adultas. A medida que avanza la carrera reproductiva, el RCS disminuye, reflejando una glándula mamaria más eficiente y madura, capaz de una liberación óptima de nutrientes. |
Dieta y estrategias nutricionales
Al igual que la composición de la leche, las propiedades fisicoquímicas del calostro muestran una elevada plasticidad en respuesta a las estrategias dietéticas implementadas para las cerdas durante la gestación tardía. La evidencia científica confirma que la modulación de los macro- nutrientes en la dieta materna influye significativamente en la calidad del calostro, con implicaciones directas para el vigor de la descendencia.
Según estudios recientes, la suplementación de una dieta de transición (última semana preparto y primera semana postparto) con energía metabolizable (EM) adicional, a través de la inclusión de aceites vegetales, resulta en un mayor contenido lipídico y un perfil de ácidos grasos mejorado en el calostro. Paralelamente, el aumento de los niveles de aminoácidos en la dieta se correlaciona con mayores concentraciones de carnitina y citrato —moléculas clave para el metabolismo energético neonatal— (Luise et al., 2026).
Además, Luise et al. (2023) demostraron que la adición de aminoácidos funcionales —incluyendo aminoácidos de cadena ramificada (BCAA)— promovió la lipogénesis de novo en la glándula mamaria y mejoró el contenido en caseína del calostro. Como consecuencia, los lechones nacidos de cerdas alimentadas con dietas enriquecidas exhibieron una ganancia de peso e índices de crecimiento superiores durante las etapas tempranas de vida.
| De forma similar, el suministro de arginina a cerdas durante la gestación tardía influyó en el perfil metabólico del calostro, promoviendo las vías de la creatina y el óxido nítrico, redujo los lechones nacidos muertos y condujo a una mayor proporción de lechones más pesados al nacimiento (Virdis et al., 2024). |
Otro aspecto crítico concierne a la cantidad y fuente de fibra suministrada a las cerdas gestantes. Un estudio reciente (Cong et al., 2025) indica que la administración de una dieta alta en fibra (Fibra Bruta 7,7%) durante los últimos 30 días de gestación conduce a la producción de calostro con mayor contenido proteico y en sólidos totales, así como concentraciones superiores de IgA e IgM.
Esta mejora en la composición calostral se asocia directamente con un mayor incremento medio diario (IMD) y un mayor peso al destete. La fuente específica de fibra es igualmente fundamental. A este respecto, Shang et al. (2019) destacaron que la inclusión de pulpa de remolacha azucarera promueve un aumento de las concentraciones de IgA y de la citocina antiinflamatoria IL-10, mejorando significativamente la inmunidad pasiva y las propiedades antiinflamatorias del calostro.
Conclusiones generales
En un contexto productivo caracterizado por líneas genéticas hiperprolíficas, el calostro se confirma no solo como fuente de nutrición temprana, sino como un determinante biológico multifactorial esencial para el éxito de la explotación. Su naturaleza como matriz compleja —rica en inmunoglobulinas, factores de crecimiento y metabolitos bioactivos como la taurina— garantiza el cierre de la brecha energética postnatal y el establecimiento de una barrera inmune pasiva fundamental.
Un déficit en la ingesta de calostro puede resultar en lesiones intestinales irreversibles y un menor rendimiento zootécnico durante el destete y más allá. Invertir en la “fase calostral” a través de la nutrición y el manejo materno sigue siendo, por tanto, el pilar fundamental para garantizar la resiliencia y la rentabilidad de la ganadería moderna.
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