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Eficiencia nutricional: la grasa de la dieta y la salud hepática

Escrito por: Daniel Díaz

INTRODUCCIÓN

En el último año se ha acentuado el problema de disponibilidad de materias primas. Su alto coste y la incertidumbre en el suministro, hace que para muchos profesionales del sector la calidad se convierta en un aspecto secundario

El término “Eficiencia Nutricional” no es sólo una herramienta de diferenciación y sostenibilidad, sino también un aspecto indispensable para rentabilizar las producciones.

Lo más importante es poder identificar los riesgos y limitar así el impacto sobre la rentabilidad de la producción. 

Para optimizar la eficiencia de las materias primas empleadas en la formulación, se necesita un enfoque global en base a 3 estrategias:

Selección de las materias primas y proveedores; teniendo en cuenta el origen, su calidad, estabilidad, variabilidad del valor nutricional (estacionalidad, condiciones almacenamiento…), riesgo de contaminación o adulteración, etc. 

Estrategia de formulación en base a nutrientes (contenido en proteína bruta, aminoácidos digestibles, perfil de ácidos grasos, tipos de fibra, ratios entre nutrientes, …)

El uso de alimentos (ingredientes) funcionales (fuentes de omega3). O productos nutracéuticos y aditivos nutricionales que, sin ser nutrientes, si contribuyen a aumentar la disponibilidad (enzimas), mejorar la absorción (emulsificantes), reducir las necesidades de otros nutrientes (fosfatidilcolina) o mejorar el metabolismo animal (silimarina). 

El uso de grasas y aceites en las dietas puede tener un impacto muy importante en la eficiencia nutricional. Siendo los ingredientes que mayor energía pueden aportar, su inclusión estará limitada por diferentes aspectos, pero su impacto positivo o negativo sobre la calidad y palatabilidad del alimento es de los más importantes.

TIPOS DE GRASAS Y ACEITES

Dentro de los tipos de grasa, según la clasificación FEDNA, podemos encontrar:

Grasas de origen animal (sebo, manteca, grasa de ave, grasas mezcla y aceite de pescado).

Aceites u oleínas de origen vegetal (soja, palma, girasol, maíz, coco, linaza, palmiste; como aceites crudos, refinados u oleinas-acidos grasos libres).

Grasas elaboradas, técnicas o industriales (mezclas animal y vegetal, de freiduría, jabones cálcicos y grasas hidrogenadas).

Lecitinas comerciales (subproducto del refinado de aceites: soja y girasol, colza, con alto nivel de fosfolípidos) fuente de linoleico, fósforo, colina, vitamina E e inositol.

Los parámetros principales para valorar el uso de una fuente de aceite o grasa en la dieta serán:

Calidad fisicoquímica: humedad, acidez, peróxidos y estabilidad

Calidad nutricional: perfil de ácidos grasos y ácidos grasos esenciales

Especie de destino y edad

Precio

La energía bruta es la que se libera durante la oxidación de la grasa. Esta es mayor cuando está en forma de triglicéridos, y el perfil de los ácidos grasos es mayor en ácidos grasos poliinsaturadas y/o de cadena corta; y será inferior en presencia de ácidos grasos libres, ácidos grasos saturados y mayor longitud de cadena. 

La composición química de una calidad de grasa determinada junto con las características del animal al que va dirigida y su nivel de inclusión, indicará a nivel digestivo la solubilidad y capacidad de emulsificación de la grasa, su capacidad de formar micelas para su absorción, la capacidad de absorción a nivel intestinal y la capacidad de transporte y metabolización como energía a nivel celular.

Luego el valor energético (neto, metabolizable, digestible) dependerá principalmente de la especie animal y sus características digestivas (monogástrico/poligástrico/acuicultura); la edad y el estado productivo en el que se encuentra; el nivel de grasa empleado y su interacción con el resto de los componentes de la dieta. Así, por ejemplo, el empleo de lecitinas que presentan un alto nivel de fosfolípidos, ayuda a la formación de micelas de menor tamaño mejorando el transporte de los ácidos grasos; siendo su efecto mayor en animales jóvenes y en presencia de ácidos grasos más saturados (menos digestibles). 

CALIDAD DE LA GRASA

Los principales criterios que ayudarán a determinar la calidad de una grasa son:

Recepción: aspecto físico (color, olor, fluidez); olor a rancio 

Químico: humedad, acidez oleica, índice de peróxidos, impurezas

Microbiológico: ausencia E. Coli y Salmonella

Nutricional: perfil de ácidos grasos o niveles específicos de nutrientes (ratio insaturados/saturados, palmítico, oleico, linoleico, linolénico, EPA, DHA…)

 

NIVELES DE ACEITES Y GRASAS

El nivel de grasa en el alimento vendrá determinado por la inclusión y aporte de las materias primas no grasas (cereales y fuentes proteicas procesadas), y el uso directo de aceites y grasas.

Desde el punto de vista tecnológico, la inclusión de aceites y grasas estará marcada por unos niveles mínimos y máximos en función del tipo de procesado (harina, granulado, extrusionado) para reducir la pérdida de finos, mejorar el rendimiento de la granuladora o preservar la durabilidad del gránulo o mejorar la palatabilidad. Y también de la posibilidad de inclusión de líquidos en mezcladora.

Una vez establecidos los rangos de trabajo en fábrica, habrá que ajustar la inclusión de aceites y grasas en función del nivel de energía necesario (>3100 Kcal EMA/kg en pollos de engorde o 2600 Kcal EMA/kg en pollitas de recría; >2400 Kcal EN/kg en cerdos cebo o 2250 Kcal EN/kg en recría de primerizas). En la mayoría de las dietas la inclusión de grasas es necesaria tanto para cubrir las necesidades energéticas, como para garantizar el aporte de nutrientes esenciales.

DIGESTIÓN DE LA GRASA

EL proceso de digestión del aceite y grasa de la dieta estará influenciado por:

Especie animal (el rumen modifica el perfil de la grasa)

Edad (secreción de lipasas varía con la edad)

Nivel de inclusión (mayor inclusión, menor digestibilidad)

Calidad de grasa (puede afectar a otros nutrientes)

La digestión de los lípidos de la dieta comienza, en el caso de los mamíferos, por la acción enzimática (lipasa) salival y gástrica, donde se liberan principalmente los ácidos grasos de cadena corta y media de los triglicéridos.

En el estómago, gracias a los movimientos peristálticos, se produce la liberación mecánica de los lípidos contenidos en las materias primas, produciéndose una primera emulsión grosera de estos.

Cuando el quimo llega a las primeras porciones del intestino, se activan las secreciones biliares y pancreáticas; esto dará lugar a la primera emulsión biliar que estará formada principalmente por triglicéridos, fosfolípidos y los jugos biliares que se agrupan en micelas de gran tamaño entre 1-0,5 μ.

Sobre la superficie hidrofílica de estas micelas va a actuar la digestión enzimática (lipasa pancreática) transformando los triglicéridos en 2-monoglicéridos + AGL. Otros tipos de enzimas como la fosfolipasa (disocia lecitinas en lisolecitinas) o la colesterol-ésterhidrolasa (hidroliza el colesterol).

Un segundo tipo de emulsión se irá formando, compuesta por los AGL de cadena larga, monoglicéridos y vitaminas liposolubles; que gracias a la acción emulsionante de los fosfolípidos, colesterol y sales biliares conjugadas van reduciendo el tamaño micelar hasta 4-6 nm para permitir su absorción por las células de la pared intestinal.

El proceso de absorción de la grasa puede suceder de dos formas: 

Los ácidos grasos más solubles (cadenas media y corta) o el glicerol se absorben por difusión pasiva y llegan directamente al hígado vía el sistema porta. 

La fracción más insoluble (AGCL y MG) es transportada por las micelas y se absorbe por difusión gracias a los fosfolípidos que integran la membrana del enterocito. Una vez en su interior, los MG y AGL reesterifican y forman lipoproteínas (triglicéridos, proteínas, colesterol y fosfolípidos) para transportarse vía sistema linfático al hígado y el resto de los órganos. 

FACTORES ENDÓGENOS EN LA DIGESTIÓN DE GRASAS

Hígado la presencia de grasa en el duodeno estimula la elaboración de la bilis en el hígado y su excreción a través de la vesícula biliar. 

Los hepatocitos son los responsables de la mayoría de las funciones hepáticas; por tanto, su tasa de renovación y reparación es fundamental para el metabolismo de los lípidos

Las sales biliares son reabsorbidas en un 95% a nivel ileal, volviendo al hígado para ser reutilizadas a partir del colesterol. El hígado regula este proceso para mantener un nivel constante de sales biliares, ya que un exceso de estas en la parte distal del intestino perjudica la absorción de agua y electrolitos, aumentando la humedad en heces. 

Emulsificación

Para mejorar la emulsificación de los lípidos en el intestino, es importante favorecer la presencia de agentes emulsionantes endógenos procedentes del hígado (jugos biliares) o generados durante el proceso digestivo (monoglicéridos) y aportar de forma exógena ingredientes de origen natural (fosfolípidos y lisofosfolípidos) o de síntesis (ricinoleatos y estearatos). 

La capacidad emulsionante de un compuesto viene determinada por el valor HLB (Balance Hidrofílico Lipofílico) en una escala de 0-20. A mayor valor, mayor capacidad de mezclar poca grasa en mucha agua y a menor valor, mayor capacidad de mezclar poco agua en mucho aceite. 

En el digestivo encontramos un medio más o menos viscoso en función de la humedad y nutrientes de la dieta; lo recomendable es emplear diferentes grados de HLB para evitar la competencia entre emulsionantes endógenos (ácido biliar >18; fosfolípidos 4-10) y exógenos (lisofosfolípidos 8-14), y mejorar la emulsificación de todos los lípidos, obteniendo un HLB medio de 12-16.  

Absorción 

Las micelas difunden a la superficie de los enterocitos los lípidos transportados y van atravesando la membrana celular. Los fosfolípidos y el colesterol son responsables de transportar los lípidos al interior del enterocito. Además, los lisofosfolípidos se incorporan a la membrana celular aumentando su capacidad de absorción.

Por tanto, los lisofosfolípidos tienen una doble ventaja en nutrición animal tanto como emulsionantes como aceleradores de la absorción de nutrientes, mediante la modulación de la permeabilidad de la membrana.

Los daños a nivel pancreático o de la mucosa intestinal van a afectar a la digestión tanto de los lípidos como del resto de nutrientes. El término conocido como “malabsorción”, suele estar principalmente asociado a procesos patológicos intestinales causados por desequilibrios microbianos o toxinas que dañan la mucosa intestinal y favorecen los procesos inflamatorios.

SALUD HEPÁTICA

Cuidar la salud hepática de forma continuada tendrá un beneficio en la digestión y utilización de la energía de la dieta y en la salud de los animales de alta producción. En la formulación de dietas se han de tener en cuenta los ingredientes disponibles, la calidad de estos y el valor nutritivo para no comprometer la salud hepática a lo largo de todo el ciclo productivo.

El hígado es un órgano vital dentro de las funciones nutricionales del metabolismo animal. Participa activamente en el metabolismo de lípidos, proteínas, carbohidratos, vitaminas, almacenamiento de minerales, detoxifica el organismo y regula el sistema endócrino. Cuando el rendimiento productivo es alto (pico de puesta, pico de producción láctea, hiperprolificidad, estirpes de crecimiento rápido), la salud hepática ha de estar lo suficientemente protegida para evitar el riesgo que supondría para el animal una quiebra en el equilibrio metabólico.

Medidas que ayudan a mejorar la salud hepática

Dieta equilibrada, 

Disminuir las fuentes de carbohidratos de la dieta y aumentar las fuentes de grasa para reducir la lipogénesis en el hígado. 

Reducir o eliminar los contaminantes del alimento como las micotoxinas, en especial las aflatoxinas. 

Reforzar los nutrientes lipotrópicos como la colina, betaína, carnitina o vitaminas del grupo B. 

Promover la regeneración hepática y la actividad colerética y colagoga con el empleo de polifenoles y antioxidantes naturales como la cinarina y silimarina.

En la gráfica 1, se observa como el uso conjunto de emulsionantes y protectores hepáticos tuvo un efecto compensatorio sobre la reducción de la energía (grasa), frente al empleo único de emulsionantes en la ganancia de peso de cerdos en crecimiento.

Gráfica 1. Ganancia media diaria de cerdos en crecimiento entre 38 y 77 kg peso vivo, g

En la gráfica 2, se observa como en pollos broilers el uso conjunto de emulsionantes y protectores hepáticos no afectó al rendimiento productivo (peso vivo final e índice de conversión (IC)) cuando se reduce la inclusión de aceite de soja en un 1%. 

Gráfica 2. Efecto del uso de emulsionante+protector hepático y la disminución del nivel de aceite de soja sobre el peso (kg) y conversión alimenticia en broilers (0-43 días)

CONCLUSIONES

El precio al alza de las fuentes de energía disponibles como grasas y aceites obliga a incrementar al máximo su aprovechamiento, para optimizar el coste de alimento, el rendimiento productivo y la salud animal. 

Las medidas encaminadas a mejorar la digestibilidad de los aceites y grasas en el alimento, en combinación con la protección del metabolismo hepático y la salud intestinal, son fundamentales para conseguir la máxima eficiencia energética en la dieta. 

 

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