LA ERA DE LOS BIÓTICOS EN LA NUTRICIÓN DE RUMIANTES: HERRAMIENTAS PARA LA MODULACIÓN Y EFICIENCIA DIGESTIVA
El rumen sigue siendo una de las fronteras más complejas de la biología: un ecosistema tan dinámico como difícil de descifrar, un universo que los avances analíticos apenas han empezado a iluminar.
En este escenario, el diseño de la dieta base y la calidad de la fibra se mantienen como los pilares indiscutibles. Sin embargo, la evolución de los aditivos bióticos, desde los probióticos clásicos hasta los nuevos posbióticos, irrumpe hoy como una familia de herramientas complementarias.
- Estas permiten intervenir con mayor precisión en ese entorno microbiano, ofreciendo soluciones digestivas tangibles y, al mismo tiempo, una vía directa hacia la sostenibilidad desde la perspectiva de “Una Sola Salud”.
“Una Sola Salud” (One Health) parte de un principio sencillo: nuestra salud es inseparable de la de los animales y del medio ambiente que compartimos.
Se trata de un enfoque unificado e integrador que busca equilibrar y optimizar de manera sostenible la salud de las personas, los animales y los ecosistemas. Actualmente, este enfoque es promovido activamente por organismos internacionales como la FAO, la OMS, el PNUMA (Medio Ambiente) y la WOAH (Sanidad Animal), que desde 2022 conforman la alianza conocida como Cuatripartito.
¿Qué son los bioticos?
Se trata de los probióticos, prebióticos, sinbióticos y posbióticos, todos ellos englobados bajo el concepto general de bióticos o sustancias bióticas (Bettini et al., 2025), y que en la literatura en inglés suelen aparecer como PPSP (Probiotics, Prebiotics, Synbiotics, and Postbiotics).
Probióticos: Son microorganismos vivos (bacterias o levaduras) que, al administrarse en cantidades adecuadas, brindan un beneficio a la salud del animal. En rumiantes, los más conocidos son Saccharomyces cerevisiae (una levadura viva que mejora la digestión de la fibra) o diferentes cepas de Lactobacillus (bacterias ácido-lácticas, empleadas comúnmente en rumiantes lactantes para prevenir diarreas, ya que compiten con bacterias patógenas). Para cumplir con sus funciones, estos microorganismos deben llegar y mantenerse vivos en el sitio donde ejercerán su acción, ya sea rumen o intestino.
Prebióticos: Son el “alimento” de los microorganismos beneficiosos. Técnicamente, se trata de fibras o azúcares complejos que el rumiante no digiere, pero que sirven como nutriente selectivo para las bacterias beneficiosas que ya viven de forma natural en su interior. Ejemplos de prebióticos son compuestos como la inulina, los FOS (fructooligosacáridos) o los MOS (mananooligosacáridos). No está de más hacer notar que un prebiótico puro no contiene microorganismos.
Sinbióticos: Son formulaciones comerciales que combinan, en una misma presentación, una cepa probiótica viable con su sustrato prebiótico específico. El término sinbiótico (y no simbiótico, que tiene otro significado) es una composición entre SIN (sinergia, acción sinérgica) + BIÓTICO (vida). El objetivo es asegurar la supervivencia y la rápida colonización del microorganismo al proporcionarle simultáneamente su fuente energética exclusiva, potenciando así el efecto beneficioso más allá de lo que cada componente logra por separado.
En los sinbióticos, la clave está en que el prebiótico debe favorecer selectivamente a la cepa probiótica incluida. Solo entonces merece el nombre de sinbiótico. De lo contrario, es una mera mezcla sin sinergia demostrada. Un ejemplo de sinbiótico es la combinación de extracto de cáscara de granada (prebiótico) con un consorcio de cuatro probióticos (Saccharomyces cerevisiae, Lactococcus lactis, Lactobacillus paracasei y Lactobacillus plantarum), que demostró efectos beneficiosos en la fermentación ruminal y actividad antimicrobiana (Hashem et al., 2025).
Posbióticos: son preparaciones que contienen microorganismos inanimados y/o las sustancias bioactivas que estos liberan durante la fermentación, confiriendo un beneficio al hospedador. Si bien no son microorganismos vivos, se consideran bióticos en sentido amplio porque son productos derivados de microorganismos que actúan sobre la microbiota o el sistema inmunitario del animal.
Un ejemplo de posbiotico en rumiantes son los cultivos de levadura fermentada inactivada, en los que permanecen paredes celulares, enzimas, vitaminas y metabolitos activos (ácidos orgánicos, péptidos, etc.).
Según la definición consensuada por la ISAPP (Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos), un posbiótico debe ser una preparación de microorganismos inanimados que confiere un beneficio a la salud del hospedador, excluyendo de esta categoría los metabolitos purificados que no procedan de células microbianas (Salminen et al., 2021).
En los últimos años, los posbióticos han ganado protagonismo en la nutrición de rumiantes adultos. Su estabilidad, seguridad y capacidad para modular la inmunidad intestinal, reducir la inflamación y estabilizar la microbiota incluso en situaciones de estrés metabólico los consolidan como una herramienta complementaria valiosa dentro de esta categoría de bióticos (Prasad et al., 2025).
En el marco de “Una Sola Salud”, los bióticos actúan como un eslabón triple:
Bióticos en rumiantes: una estrategia para cada edad
Los bióticos se han consolidado como herramientas estratégicas para modular la microbiota del tracto digestivo en rumiantes. No obstante, su aplicación y finalidad varían sustancialmente con la edad del animal, ya que el sistema digestivo del adulto (con un rumen plenamente desarrollado) difiere drásticamente del del prerrumiante, cuyo rumen es aún incipiente y cuya digestión depende en gran medida del intestino delgado.
Así, mientras que en el adulto el foco está en la fermentación ruminal, en los animales jóvenes la prioridad es la salud intestinal y el establecimiento de una microbiota equilibrada.
En el adulto: optimizar la fermentación para potenciar la productividad
En el rumiante adulto, el rumen constituye un ecosistema microbiano complejo y plenamente funcional, responsable de la mayor parte de la digestión. Aquí, el objetivo principal de los bióticos es modular finamente la fermentación ruminal para mejorar la eficiencia productiva, preservar la salud metabólica y, cada vez más, reducir el impacto ambiental de la producción animal.
Uno de los usos más extendidos es la mejora de la eficiencia alimenticia y la productividad. La adición de levaduras como Saccharomyces cerevisiae (levadura de cerveza) ayuda a estabilizar el pH ruminal y estimula el crecimiento de bacterias fibrolíticas, lo que se traduce en una mejor digestibilidad del alimento y, consecuentemente, en un aumento de la producción de leche o carne. De forma similar, cepas del género Bacillus (como B. subtilis), autorizadas como aditivos zootécnicos, actúan como estabilizadores de la flora intestinal, contribuyendo a la eficiencia productiva.
Otro problema frecuente en sistemas intensivos es la acidosis ruminal, provocada por dietas ricas en concentrados. Esta condición se origina por la acumulación excesiva de lactato, y una de las herramientas bióticas más efectivas para contrarrestarla es el uso de probióticos con bacterias consumidoras de lactato, como Megasphaera elsdenii, que metaboliza rápidamente este ácido y estabiliza el pH.
La M. eslsenii posee sistemas de defensa frente a bacteriófagos que le permiten persistir en el rumen (Piknova et al., 2004), y de hecho ya existen productos comerciales con esta cepa para prevenir la acidosis en animales de engorda. El desarrollo de prebióticos que estimulen su crecimiento o de sinbióticos que combinen ambas estrategias podría potenciar aún más este efecto.
La mejora de la capacidad fibrolítica también es foco de interés en el rumiante adulto. Es sabido que las levaduras como Saccharomyces cerevisiae mejoran la digestibilidad de la fracción fibra (Durand et al., 2016; Froes et al., 2024), efecto que se atribuye generalmente a un aumento de bacterias fibrolíticas en el rumen como resultado de una mayor anaerobiosis.
Por otra parte, se han estudiado microorganismos celulolíticos con acción directa sobre la fibra vegetal (Chiquette et al., 2007). En un estudio realizado con ovinos en condiciones similares a los sistemas semi-intensivos del hemisferio sur, los investigadores probaron una cepa nativa del rumen: Prevotella bryantii 3C5 (Fraga et al., 2018).
Los resultados mostraron que esta bacteria mejoró la fermentación, aumentando los ácidos acético y butírico y el amoníaco, y reduciendo el pH sin riesgos, todo sin alterar la microbiota ni el metano.
Su secreto está en su capacidad fibrolítica: al degradar la fibra, produce esos ácidos grasos volátiles que son la principal fuente de energía del rumiante.
Por eso, esta cepa se presenta como una opción prometedora para futuros probióticos en sistemas semi-intensivos.
Probióticos…¿nativos?
Las cepas nativas del rumen son microorganismos autóctonos, adaptados a este ecosistema, y por ello han sido objeto de estudio como potenciales probióticos para rumiantes (Fraga et al., 2014 y 2018). Su principal ventaja es su persistencia y su capacidad para modular la fermentación de manera específica, ya sea incrementando el butirato, regulando los isómeros del lactato (asociados a la acidosis) o desviando el hidrógeno hacia ácidos grasos volátiles en lugar de metano, lo que mejora la eficiencia energética y reduce emisiones.
Sin embargo, no todas las cepas nativas han logrado superar las barreras técnicas. Su naturaleza anaerobia estricta dificulta el cultivo, la producción industrial y la estabilización en formulaciones comerciales, especialmente en el caso de las bacterias fibrolíticas. Esto explica por qué microorganismos exógenos de fácil cultivo como Saccharomyces cerevisiae son los probióticos más utilizados en la práctica.
A pesar de la dificultad que presentan las cepas nativas del rumen hay excepciones. Como comentábamos, la cepa consumidora de lactato Megasphaera elsdenii, también autóctona del rumen, ha logrado sortear estas dificultades y se comercializa actualmente como probiótico para la prevención de la acidosis ruminal en animales alimentados con dietas ricas en concentrados. Su éxito demuestra que, con el desarrollo adecuado de técnicas de cultivo y conservación, las cepas nativas pueden convertirse en productos comerciales viables.
Los avances en técnicas de cultivo anaeróbico, crioprotectores, encapsulación y cribado de cepas tolerantes están ampliando progresivamente las posibilidades de llevar otras cepas nativas, especialmente las fibrolíticas, al mercado, posiblemente en un futuro no muy lejano.
En los últimos años, ha cobrado relevancia el uso de ciertos bióticos para reducir la huella ambiental. Durante la fermentación ruminal, las bacterias producen ácidos grasos volátiles junto con hidrógeno molecular (H₂).
En condiciones normales, este H₂ es utilizado por arqueas metanogénicas para generar metano, lo que representa una pérdida de energía para el animal (2-12% de la energía ingerida).
Algunos probióticos y prebióticos pueden desviar ese hidrógeno hacia rutas metabólicas alternativas, favoreciendo la producción de ácido propiónico en lugar de metano. El propionato actúa como un “sumidero de hidrógeno” que compite con los metanógenos por este sustrato.
Un metaanálisis reciente que evaluó 20 estudios en bovinos concluyó que, si bien el efecto global de los probióticos sobre el metano no es significativo, los probióticos con múltiples cepas bacterianas logran reducciones moderadas, y la combinación de bacterias acetogénicas con productoras de propionato es especialmente efectiva al desviar el hidrógeno hacia rutas alternativas (Ncho et al., 2024).
- Por ejemplo, consorcios bacterianos que combinan cepas propionogénicas han mostrado reducciones significativas del metano en fermentaciones ruminales in vitro (Jeong et al., 2024). Asimismo, periodos de suplementación más prolongados potencian el efecto reductor, posiblemente porque los probióticos requieren tiempo para establecerse en el ecosistema ruminal (Ncho et al., 2024).
Este desvío metabólico no solo disminuye las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que también mejora la eficiencia energética del animal, ya que el propionato es un ácido graso volátil de alto valor energético.
¿Kombucha para vacas?
La kombucha, una bebida fermentada popular por sus propiedades probióticas en humanos, también podría reducir el metano en rumiantes. Un estudio reciente (Kang et al., 2025) evaluó su efecto in vitro frente a 3-NOP (un inhibidor de la metanogénesis de referencia) y los resultados fueron notables: •
- Redujo el metano un 15% a las 30 horas y un 35% a las 60 horas, superando al 3-NOP a largo plazo.
- La cepa responsable, Komagataeibacter intermedius SLAMNK6B, activa rutas alternativas que consumen hidrógeno, compitiendo con los metanógenos por este sustrato.
- Esto se tradujo en una reducción de la población de metanógenos superior al 50% y un aumento paralelo de propionato.
Este hallazgo abre una línea de investigación prometedora: usar microorganismos de una bebida de consumo humano como una fuente de probióticos o como consorcio microbiano para reducir el metano y mejorar la eficiencia fermentativa.
Aunque el rumen es el principal centro de atención en el rumiante adulto, el efecto de los bióticos no se limita a él. Prebióticos y sinbióticos también ejercen acciones relevantes en el tracto gastrointestinal posterior, contribuyendo al equilibrio de la microbiota intestinal, al control de patógenos y al fortalecimiento de la inmunidad del huésped.
Sin embargo, para que un probiótico ejerza su acción en el intestino posterior, debe ser capaz de sobrevivir al paso por el rumen (un entorno de pH ácido y alta actividad fermentativa), lo que limita las cepas aptas a aquellas con resistencia natural o formulaciones que las protegen. Por ejemplo, el sinbiótico compuesto por Lactobacillus casei y dextrano ha mostrado utilidad para inhibir patógenos entéricos como Salmonella y E. coli, y ha demostrado mejorar la producción de leche en vacas Holstein (Yasuda et al., 2007).
Asimismo, la suplementación con probióticos como Bacillus spp. puede mejorar la salud del intestino posterior, aumentando la diversidad microbiana del ciego y reduciendo la morbilidad en bovinos de engorda (Fuerniss et al., 2022), mientras que otros probióticos como Propionibacterium acidipropionici P169 han mostrado modular la microbiota del intestino posterior en dietas ricas en grano (Azad et al., 2017). En conjunto, estas estrategias contribuyen no solo al control de patógenos, sino también a la recuperación en cuadros metabólicos como la acidosis o la cetosis.
Otro aspecto de gran importancia sanitaria y de salud pública en sistemas intensivos, especialmente en corrales de engorda, es el control de patógenos zoonóticos como Escherichia coli O157:H7. La suplementación con Lactobacillus acidophilus ha mostrado una reducción significativa (entre el 35% y el 57%) en la excreción fecal de esta bacteria en bovinos de engorda (Brashears et al., 2003), lo que disminuye el riesgo de contaminación del entorno y de la cadena alimentaria.
Si bien los estudios se han centrado principalmente en animales en finalización, también se han observado efectos positivos en animales jóvenes, lo que sugiere que esta es una herramienta de control válida para ambas etapas productivas.
En el joven prerrumiante: proteger el intestino y asegurar un buen desarrollo
En los rumiantes jóvenes (terneros, corderos, cabritos), el panorama es radicalmente distinto. Su rumen aún no está plenamente desarrollado, y su tracto gastrointestinal funciona de manera similar al de un animal monogástrico.
Por ello, el objetivo de los bióticos no es modular la fermentación ruminal, sino reforzar la inmunidad intestinal y proteger al animal frente a patógenos entéricos.
La diarrea neonatal es la principal amenaza (Alawneh et al., 2020).
Además de su efecto protector, los bióticos contribuyen a mejorar el crecimiento y la maduración del rumen, preparando al animal para su vida adulta. Diversas cepas bacterianas y levaduras vivas han demostrado incrementar la ganancia de peso y acelerar la maduración del ecosistema ruminal.
Un metaanálisis que incluyó 36 estudios con 2.126 terneros concluyó que la suplementación con productos de Saccharomyces cerevisiae aumentó la concentración de ácidos grasos de cadena corta, la altura de las papilas ruminales y la digestibilidad de la fibra, lo que apunta a una estimulación del desarrollo del rumen en terneros predestete (Zhang et al., 2022).
En la misma línea, la administración oral de Megasphaera elsdenii en terneros de cruce leche-carne mejoró, por su parte, el consumo de alimento sólido, la ganancia diaria de peso y el área de las papilas ruminales, lo que sugiere que esta cepa bacteriana puede ser una herramienta eficaz para potenciar el rendimiento y el desarrollo ruminal en la etapa predestete (Mazon et al., 2025).
Los posbióticos están despertando un creciente interés por su estabilidad, seguridad y potencial para ser utilizados en momentos críticos como el destete, donde el estrés y los cambios dietéticos comprometen la salud intestinal.
Al no requerir microorganismos vivos, ofrecen una alternativa predecible y fácil de manejar en situaciones de vulnerabilidad inmunitaria, contribuyendo a la estabilidad de la microbiota y a la reducción de la inflamación en un período de transición clave para el animal (Ban et al., 2025).
La Tabla 1 ofrece una visión comparativa del uso de diferentes bióticos en rumiantes adultos y jóvenes, señalando en cada caso los principales objetivos y los desafíos que se pretenden resolver con su inclusión en la dieta.
Por todo lo expuesto, no conviene utilizar el mismo producto probiótico indiscriminadamente para todas las categorías animales. Si bien existen productos comerciales altamente estandarizados, su efectividad depende de que se ajusten al objetivo específico de cada etapa.
Para lograr el máximo beneficio, es fundamental definir con precisión qué se quiere combatir o mejorar en cada caso: si se busca estabilizar el rumen y aumentar la eficiencia en el adulto, la estrategia será muy distinta a la requerida para proteger el intestino inmaduro del ternero frente a la diarrea neonatal.
La clave, en definitiva, no está en emplear “un probiótico’” sino en elegir el probiótico adecuado para el problema adecuado. Porque, como hemos visto, cada edad requiere su propia estrategia.
- A modo de síntesis, la Tabla 2 recoge los principales tipos de bióticos, con una breve descripción de cada uno y un resumen de sus ventajas tecnológicas y aplicaciones prácticas en la producción de rumiantes.
