
Materias Primas
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En nutrición animal, la oxidación del pienso sigue siendo un desafío, en muchos casos subestimado e incluso ignorado. Algunos fabricantes aplican controles eficaces, pero otros, pese a su rigor en la formulación, no la consideran un factor crítico.
Esta omisión reduce el valor nutricional, afecta salud y rendimiento, y genera pérdidas económicas.
La oxidación del pienso es un proceso químico autocatalítico asociado con la reacción del oxígeno con moléculas susceptibles, como los ácidos grasos insaturados. Por tanto, uno de los efectos directos de la oxidación del pienso es la reducción de la calidad nutricional y de los valores energéticos de la dieta (Shurson et al., 2015).
Racanicci et al. (2004) comprobaron que la energía metabolizable aparente corregida por nitrógeno (AMEn) en grasa de ave disminuye hasta un 17% tras su oxidación.
De forma similar, Ehr et al. (2015) reportaron que la inclusión de aceite de maíz peroxidado redujo la AMEn del pienso en pollos de 3.490 kcal/kg con aceite fresco a 3.344 kcal/kg con aceite oxidado (fig. 1), lo que representa pérdidas de hasta el 4,2%.

Figura 1. Adaptada de Ehr et al. (2015), AMEn de pollos (kcal/kg) alimentados con dietas con 10 % de aceite de maíz fresco (UO), calentado lentamente a 95 °C/72 h (SO) o calentado rápidamente a 185 °C/12 h (RO). Letras distintas indican diferencias significativas (P ≤ 0,05); n = 10.
Además, la oxidación no solo afecta a los lípidos, sino que también degrada vitaminas (Halbaut et al., 1996), aminoácidos (Helwig, 2020), y xantofilas utilizadas como pigmentos en avicultura y acuicultura (Calabotta and Shermer, 1985), con el consecuente impacto económico.
| En consecuencia, la oxidación puede provocar deficiencias nutricionales, reduciendo el rendimiento e incrementando los costes productivos (Shurson et al., 2015; Fellenberg and Speisky, 2015). |
No obstante, la pérdida de valor nutricional no es el único mecanismo por el que la oxidación afecta a parámetros productivos. Los compuestos volátiles producidos, como aldehídos y cetonas, provocan olores y sabores desagradables, reducen la palatabilidad y disminuyen el consumo (Qaisrani et al., 2021).
Asimismo, la alimentación con aceites oxidados induce estrés oxidativo en animales de producción, como se ha demostrado en broilers (Lindblom et al., 2019), y cerdos (Lindblom et al., 2018), con efectos negativos sobre el rendimiento.
El estrés oxidativo ocurre cuando especies reactivas de oxígeno (ROS) y radicales libres superan la capacidad de los sistemas antioxidantes endógenos para neutralizarlos, causando daños en lípidos, proteínas y ADN tisular (Kalyanaraman, 2013).
La oxidación de la dieta y el consiguiente estrés oxidativo afectan al sistema inmune y aumentan la predisposición a infecciones. Este impacto incluye la degradación de ácidos grasos esenciales, necesarios para la síntesis de eicosanoides que regulan la inmunidad y la proliferación linfocitaria, así como el daño de las ROS sobre la barrera intestinal.
Además, el exceso de ROS incrementa la demanda de vitamina E y reduce las reservas antioxidantes disponibles para sostener la respuesta inmune (Lauridsen, 2019).
| El estrés oxidativo y la degradación de nutrientes causada por el enranciamiento de la dieta pueden incluso aumentar la mortalidad. La depleción de vitamina E por oxidación o su aporte insuficiente favorecen la aparición de la enfermedad de corazón de mora en cerdos (fig. 2), caracterizada por la muerte súbita en animales jóvenes (Pallarés et al., 2002). |

Figura 2. Fotografía de corazón de cerdo con enfermedad de corazón de mora. Imagen de Oropeza-Moe et al. (2015).
Incluso sin signos clínicos, la alimentación con pienso oxidado puede afectar significativamente al rendimiento.
Gao et al. (2023) demostraron que dietas con 3% de aceite de soja oxidado en lechones alteran la morfología y la función intestinal (fig. 3), reduciendo la relación vellosidad/cripta, la expresión de proteínas de uniones estrechas (ocludina y ZO-1) y la actividad lipasa, además de aumentar la expresión de citoquinas proinflamatorias.
En consecuencia, la salud intestinal y el aprovechamiento de nutrientes se comprometen por la oxidación de la dieta.

Figura 3. Imagen adaptada de Gao et al (2023). Morfología intestinal en lechones destetados expuestos a aceite de soja oxidado fresco (FSO) y oxidado (OSO). Aumento original: 200×, barra de escala: 200 μm.
En conjunto, los los efectos de la oxidación de la dieta y del consecuente estrés oxidativo afectan a los parámetros productivos. Yaseen et al. (2021) demostraron en broilers que dietas con 5% de aceite de girasol oxidado (valor de peróxidos, PV: 40–60 meq O₂/kg) redujeron significativamente la ingesta, la ganancia media diaria (GMD), el peso de la canal, y empeoraron el índice de conversión (IC).
Con 20 meq O₂/kg también se observó un empeoramiento numérico del rendimiento y significativo en el IC (fig. 4).
| Estos resultados coinciden con el rango máximo aceptable de PV de 10 a 20 meq O2/kg, descrito en algunos estudios (Ravindran et al., 2016), y el límite comúnmente aceptado por la industria de 10 meq O2/kg de grasa. |

Figura 4. Parámetros productivos de broilers alimentados con 5 % de aceite de girasol fresco (T1: 1 meq O₂/kg) u oxidados (T2: 20, T3: 40, T4: 60 meq O₂/kg). Datos obtenidos de Yaseen et al. (2021). Letras distintas indican diferencias significativas (P ≤ 0,05; n = 6).
En pollos y pavos, Qaisrani et al. (2021), reportaron que la suplementación con aceite oxidado (PV: 25–448,5 meq/ kg) en niveles del 2–11% durante 0–49 días redujo el consumo entre 1 y 8%, la ganancia media diaria (GMD) entre 0,5 y 8%, y empeoró el índice de conversión (IC) entre 2 y 10%.
En cerdos, múltiples estudios muestran efectos negativos sobre el rendimiento. Una revisión de 16 estudios indicó que dietas isocalóricas con lípidos peroxidados redujeron, en promedio, un 11,4 % la tasa de crecimiento y un 8,8 % el consumo de alimento frente a dietas con lípidos no peroxidados de la misma fuente (Shurson et al., 2015).
Sin embargo, los efectos de una dieta oxidada no se limitan al rendimiento, sino que afectan también la calidad de los alimentos producidos. La alimentación con piensos con grasas oxidadas reduce los ácidos grasos poliinsaturados (Yaseen et al., 2021), α-tocoferol y retinol, disminuye la capacidad de retención de agua, aumenta las pérdidas por exudación (Qaisrani et al., 2021) y reduce la estabilidad oxidativa de la carne de ave (Lin et al., 2007).
En resumen, controlar la oxidación de materias primas, grasas y del alimento final es crucial para evitar efectos negativos sobre el rendimiento, la calidad de la carne, la salud animal y el impacto económico asociado.
Los antioxidantes son la principal herramienta para prevenir la oxidación (Fellenberg & Speisky, 2006), siendo fundamental su utilización para estabilizar grasas, aceites y piensos lo antes posible durante su proceso productivo (Lauridsen, 2019).
En próximos artículos abordaremos las claves para un control eficaz y optimizado de la oxidación, capaz de prevenir sus efectos negativos, a menudo silenciosos, sobre la producción animal.
La oxidación de los piensos reduce su calidad nutricional y energética, afectando rendimiento, eficiencia alimenticia y generando pérdidas económicas.
Las alteraciones organolépticas producidas por la oxidación en piensos reducen el consumo, afectando los índices productivos.
Dietas con grasas oxidadas inducen estrés oxidativo, comprometen la barrera intestinal y debilitan la inmunidad.
La oxidación afecta la calidad de la carne y aumenta pérdidas económicas por exudación y menor estabilidad oxidativa.
El uso de antioxidantes y la estabilización temprana de grasas y piensos es clave para prevenir los efectos negativos, a veces silenciosos, en la producción animal.
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