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Probióticos en avicultura: aliados microbiológicos y sus desafíos de aplicación

Escrito por: Dante Javier Bueno

Introducción 

En 2001, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) celebraron una consulta de expertos y definieron el término «probiótico». 

Al año siguiente, la FAO/OMS publicó las Directrices para la Evaluación de Probióticos en Alimentos (FAO y WHO, 2006). Un grupo de trabajo de expertos, convocado antes de la primera reunión de la Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos (del inglés “International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics”, ISAPP), elaboró estas directrices.  

En 2013, la ISAPP reunió a un panel de expertos para examinar el término «probiótico» y las publicaciones relacionadas. Este panel mantiene la definición de probióticos de la FAO/OMS, con una pequeña corrección gramatical: microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del huésped (Hill et al., 2014).  

Los objetivos principales del uso de probióticos en la producción avícola son la mejora del rendimiento y la garantía de la inocuidad alimentaria.  

A medida que la industria avícola continúa buscando alternativas a los antibióticos promotores del crecimiento, el uso de probióticos, y otros suplementos, que mejoran la salud intestinal se han convertido en un componente cada vez más importante de la producción avícola sostenible y eficiente.  

Fuentes de probióticos  

Los probióticos se elaboran generalmente a partir de diversos microorganismos vivos, bacterias y/o hongos (Markowiak y Śliżewska, 2018). Las levaduras (como parte de los hongos) y bacterias vivas son similares en el sentido de que ambas aportan beneficios para la salud de las aves de corral. 

La diferencia radica en cómo cada organismo logra dichos beneficios. Los aislados de bacterias probióticas están diseñados para producir compuestos o enzimas como fitasas, celulasas, proteasas o xilanasas (Krysiax et al., 2021)

La mayoría de las bacterias probióticas incluyen bacterias ácido-lácticas (BAL), Bifidobacterium spp. y Bacillus spp. Las BAL son cocos o bacilos Gram positivos, anaerobios y no formadores de esporas que fermentan carbohidratos principalmente a ácido láctico. 

Existe un grupo central formado por cuatro géneros: StreptococcusLeuconostocPediococcus Lactobacillus. Los siguientes géneros conforman ahora el grupo restante tras recientes cambios taxonómicos: Aerococcus, Alloiococcus, Carnobacterium, Dolosigranulum, Enterococcus, Globicatella, Lactococcus, Oenococcus, Tetragenococcus, Vagococcus y Weissella. 

Su actividad metabólica segura durante el crecimiento en los alimentos, que utiliza el azúcar disponible para producir ácidos orgánicos y otros metabolitos, está vinculada principalmente a su importancia. 

Su amplia presencia en los alimentos y su uso continuo llevaron a su designación automática como generalmente reconocidos como seguros (GRAS, por sus siglas en inglés,  Generally Recognized As Safe) para la ingestión humana (Bintsis, 2018).  

Además, recientemente, basándose en este enfoque polifásico, el género Lactobacillus fue reclasificado en 25 géneros, incluidos organismos adaptados al hospedador que han sido denominados grupo Lactobacillus delbrueckii, Paralactobacillus y 23 géneros nuevos. 

Los nombres propuestos para los 23 nuevos géneros son: 

Holzapfelia, Amylolactobacillus, Bombilactobacillus, Companilactobacillus, Lapidilactobacillus, Agrilactobacillus, Schleiferilactobacillus, Loigolactobacilus, Lacticaseibacillus, Latilactobacillus, Dellaglioa, Liquorilactobacillus, Ligilactobacillus, Lactiplantibacillus, Furfurilactobacillus, Paucilactobacillus, Limosilactobacillus, Fructilactobacillus, Acetilactobacillus, Apilactobacillus, Levilactobacillus, Secundilactobacillus y Lentilactobacillus (Zheng et al., 2020)

Además de requerir familiaridad con 23 nuevos nombres de géneros, la nueva taxonomía de lactobacilos ofrece un potencial significativo para la investigación científica y la autorización regulatoria de los organismos respectivos.  

Inicialmente, la familia Lactobacillaceae ofrece un marco sólido para la descripción de nuevos géneros, lo que facilita la descripción de nuevas especies. Además, la taxonomía actual mejora significativamente la resolución de los métodos de secuenciación a nivel de género (como la metagenómica basada en el ARNr 16S) para determinar la composición y el papel de las comunidades microbianas. 

Adicionalmente, la taxonomía actual simplifica enormemente la formulación de teorías que relacionan la filogenia de los lactobacilos con el metabolismo y la ecología (Quiao et al., 2022). 

A su vez, existe una aplicación web (http://lactobacillus.ualberta.ca/) que permite encontrar fácilmente los nuevos nombres de todas las especies de Lactobacillus. 

Clasificadas taxonómicamente como miembros de la familia Bifidobacteriaceae, las bifidobacterias son microorganismos Gram positivos, inmóviles, no formadores de esporas, anaeróbicos, sacarolíticos, con morfología en forma de Y o «bífida» y un alto contenido de guanina + citosina en el ADN. 

Muchos miembros del género Bifidobacterium poseen, en relación con el tamaño de su genoma, uno de los repertorios genéticos más grandes para las enzimas glicosil-hidrolasas y los sistemas de captación de carbohidratos involucrados en la degradación e internalización de glicanos derivados de plantas y del huésped. Este arsenal genético dota a las bifidobacterias de estrategias metabólicas potentes y flexibles para competir con otros miembros de la microbiota intestinal y asegurar su adaptación al entorno intestinal (Alessandri et al., 2021)

Los probióticos pertenecientes a especies del género Bacillus son candidatos probióticos alternativos debido a su capacidad para formar esporas, lo que les confiere varias ventajas sobre los probióticos tradicionales. 

Los diversos mecanismos que poseen estos organismos para producir efectos probióticos incluyen la exclusión competitiva de patógenos comunes en aves de corral, una mejor digestión y absorción mediante la producción de enzimas exógenas, una mejor morfología intestinal, inmunomodulación y disminución de compuestos tóxicos como el amoníaco y las aflatoxinas. 

Estos beneficios disminuyen la morbilidad y la mortalidad, aumentan la eficiencia alimenticia en un 5%, mejoran la salud y apoyan la avicultura ambientalmente sostenible. 

Las especies de Bacillus pueden prosperar en las difíciles condiciones del tracto gastrointestinal y se aíslan fácilmente de su entorno. Además de estos factores cruciales, el principal beneficio de usar Bacillus como probióticos para piensos es su robustez en términos de producción industrial debido a su alta densidad de producción de esporas, que puede ser más de 1 × 10¹¹ esporas/ml. 

Además, las esporas pueden mantener una viabilidad del 90% durante el proceso de recolección de probióticos. Por otro lado, cuando se combinan con otros ingredientes para crear productos probióticos, estas esporas mantienen su estabilidad a una concentración de 1 x 10⁹ esporas/ml, con una posible vida útil de cinco años. 

Asimismo, las esporas siguen siendo viables durante la producción de alimento para aves de corral (Ramlucken et al., 2020; Ogbuewu et al., 2022). Esto permite la producción de dietas enriquecidas con probióticos, que además soporta el proceso de granulación (Krysiax et al., 2021).  

La familia de los probióticos está entrando en un nuevo capítulo con la identificación de muchas cepas fúngicas que funcionan como probióticos. Los hongos son importantes posibilidades probióticas debido a su arquitectura celular distintiva y su capacidad superior para sobrevivir en el entorno hostil del tracto gastrointestinal. 

El uso de nuevas cepas fúngicas en terapia no está completamente probado, ya que aún se desconocen el modo de acción preciso, el nivel de eficacia y la dosis. 

Saccharomyces boulardii var. cerevisiae es la cepa de levadura probiótica comercializable más prometedora entre las cepas de hongos aisladas como posibles candidatas a probióticos; tiene múltiples beneficios para la salud tanto en estados fisiológicos favorables como desfavorables del cuerpo del huésped (Banik et al., 2019). 

Mecanismos de acción de los probióticos  

Los procesos que explican los beneficios para la salud por parte de los probióticos son diversos. Entre los mecanismos propuestos para la acción de los probióticos se incluyen la exclusión competitiva de patógenos por los sitios de adhesión, la producción de sustancias inhibidoras, la mejora de la barrera de la mucosa intestinal, la inmunomodulación intestinal y la síntesis de neurotransmisores. 

Los expertos también creen que varias vías podrían actuar conjuntamente para producir un beneficio para la salud (Mathipa y Thantsha, 2017; Latif et al., 2023). Además, las cepas probióticas portan vectores que permiten la transmisión de moléculas de señalización que participan en la detección de quórum (o quorum sensing, QS) una vez que ingresan al ambiente intestinal. 

El QS es una red de comunicación intercelular especializada que facilita que las bacterias trabajen juntas como un equipo coordinado. Este mecanismo permite que las bacterias perciban su entorno y controlen el tamaño y el comportamiento de la población, lo que les permite proliferar como un organismo multicelular (Atkinson y Williams, 2009; Adeyemi y Nahashon, 2026). 

En pollos de engorde, con el uso de los probióticos se ha observado una mejora del rendimiento, basada en un mayor aumento de peso corporal y una mejor conversión alimenticia. 

Para las gallinas ponedoras, los resultados deseados incluyen una mayor calidad del huevo, un aumento de la producción y una disminución de las emisiones de amoníaco en el guano. 

A su vez, los probióticos se han utilizado ampliamente para disminuir la colonización de patógenos transmitidos por los alimentos, en particular Salmonella spp. y Campylobacter jejuni, en el tracto gastrointestinal de las aves de corral (Swanson et al., 2025). 

Existe la idea errónea de que los probióticos no pueden funcionar correctamente a menos que modifiquen la microbiota intestinal. A pesar de sus beneficios para la salud ya establecidos, no se ha demostrado que los probióticos se establezcan de forma permanente en el intestino (ISAPP, 2018). 

Diversos hongos, y bacterias han sido estudiados por sus potenciales propiedades probióticas y evaluados en ensayos experimentales y de campo. Sin embargo, solo una pequeña proporción ha llegado al mercado, ya que su desarrollo comercial está condicionado por estrictos requisitos de seguridad, estabilidad y eficacia, además de la necesidad de demostrar beneficios específicos y consistentes para cada cepa en las condiciones de uso previstas (Mârza et al., 2025). 

Consideraciones para el uso de probióticos en aves 

Un grupo de expertos en salud animal, integrado por científicos del ámbito académico y de la industria, reunidos en la conferencia anual de la ISAPP de 2023, revisó la evidencia sobre bióticos para animales, describiendo lo que se sabe hasta la fecha y las posibles direcciones futuras en este campo científico. 

Liderado por la Dra. Kelly Swanson y el Dr. George Fahey, el grupo publicó una revisión en el Journal of Animal Science que resume su análisis (Swanson et al., 2025). 

Los probióticos se clasifican por género, especie y cepa. Esta última corresponde a un subgrupo dentro de una misma especie de bacterias/hongo que comparte características genéticas, morfológicas o funcionales únicas. Dado que distintas cepas de la misma especie pueden tener diversos beneficios para la salud, la clasificación de la cepa es crucial.  

Otro factor a considerar es la dosis. Un probiótico tomado en una dosis determinada no siempre resulta más beneficioso que uno tomado en una dosis menor. Para que una dosis sea beneficiosa, debe corresponderse con el nivel observado en un estudio de eficacia (Hill et al., 2014).  

Para que un organismo se considere probiótico, debe cumplir una serie de requisitos, como su caracterización in vitro, lo que implica conocer la estabilidad fenotípica y genotípica y los patrones de utilización de carbohidratos y proteínas. Además, se considera la resistencia a la acidez gástrica, la resistencia a la bilis, la adhesión al epitelio intestinal y la resistencia a la lisozima (opcional). 

Otros factores que deben tenerse en cuenta son la capacidad de utilizar prebióticos (opcional) y la existencia de ensayos in vivo (Imágenes 1 y 2) e in vitro que demuestren los efectos probióticos declarados. 

Imágenes 1 y 2. La validación mediante ensayos in vivo es un paso indispensable para identificar cepas probióticas capaces de generar beneficios consistentes en la salud y el desempeño productivo de las aves. 

Asimismo, deben ser GRAS y no presentar resistencia a antibióticos ni determinantes de patogenicidad (Blajman et al., 2015). En referencia a los prebióticos, estos corresponden a “un sustrato que es utilizado selectivamente por los microorganismos del hospedador, en especial lactobacilos y bifidobacterias, confiriendo un beneficio para la salud”

A su vez, para ser un prebiótico se deben cumplir tres componentes fundamentales: una sustancia, un efecto fisiológicamente beneficioso y un mecanismo mediado por la microbiota (Gibson et al., 2017). 

Debido a que se pierde cierta viabilidad celular durante la producción de cultivos probióticos y a lo largo de la vida útil del producto, los fabricantes suelen añadir una sobredosis de células vivas a sus productos, por encima de la dosis recomendada, para asegurar una cantidad suficiente de células vivas al final del proceso. 

Si se administran probióticos durante un período prolongado en futuros ensayos de eficacia, podría ser conveniente considerar la acumulación de células inactivas durante la vida útil del probiótico (Vinderola et al., 2022). 

Aunque los probióticos se utilizan con frecuencia en la ganadería, el principal problema de su aplicación radica en que algunos contienen genes de resistencia a los antibióticos, especialmente aquellos codificados por un ADN particular denominado plásmido, que puede transferirse entre organismos.  

Por lo tanto, las empresas de probióticos deberían realizar una prueba de sensibilidad a múltiples antibióticos antes de considerar un microorganismo como candidato a probiótico. 

Además, deberían analizar la secuencia completa del genoma para predecir la presencia de genes de resistencia a los antibióticos (Fatahi-Bafghi et al., 2022). 

Asimismo, la precisión del etiquetado en cuanto a la identificación y concentración de microorganismos en estos productos comerciales, expresada como células viables totales, es un problema grave que puede afectar significativamente la eficacia del producto y la salud de las aves. 

Por su parte, la mayoría de los estudios comparan animales tratados con un solo probiótico con controles no tratados para evaluar la eficacia de los probióticos. No se considera el impacto que diferentes vacunas, piensos y otros factores pueden tener en la respuesta del animal al profiláctico vivo de interés, a pesar de que este diseño experimental es un primer paso esencial para determinar la utilidad de un profiláctico vivo. 

También es necesario realizar más investigaciones para determinar si estos profilácticos vivos pueden influir en el comportamiento animal a través del eje intestino-cerebro, ofreciendo una forma práctica de mejorar los comportamientos sociales en las parvadas avícolas (Redweik et al., 2020a, b). 

Debido a la baja resistencia de los microorganismos a la digestión gastrointestinal, muchos productos probióticos que contienen bacterias cuidadosamente seleccionadas pueden no funcionar como se espera.  

Uno de los métodos más prometedores para proteger los probióticos de circunstancias ambientales desfavorables es la microencapsulación (Babot et al., 2023). La misma protege las bacterias probióticas durante el procesamiento, el almacenamiento y el paso por el tracto gastrointestinal superior. 

La microencapsulación consiste en el atrapamiento de microorganismos vivos dentro de una matriz o material de recubrimiento, como alginato, quitosano, almidón o sistemas lipídicos, que protegen las células de los factores de estrés ambiental y permiten una liberación controlada en el sitio intestinal objetivo. Cuando se adapta adecuadamente, la microencapsulación no solo mejora la viabilidad del microorganismo probiótico, sino que también optimiza su eficiencia de colonización y su función en el intestino (Argañaraz-Martínez et al., 2025). 

En esencia, para que un producto sea considerado probiótico, debe tener cepas de microorganismos específicas (género, especie, contenido genómico y metabolismo) con características bien establecidas basadas en hallazgos experimentales. 

Luego, se requiere que las cepas se preparen (en una matriz apropiada para su administración) y se demuestre que son más ventajosas que un placebo o tan eficientes como un tratamiento estándar para una enfermedad o problema específico (Reid et al., 2025). 

Algunos estudios respaldan los beneficios de un producto probiótico de una sola cepa, mientras que otros demuestran que las mezclas específicas de cepas probióticas tienen un resultado positivo. El simple hecho de tener muchas cepas no garantiza un producto más beneficioso (ISAPP, 2018)

En las granjas avícolas, los probióticos se administran principalmente añadiéndolos al pienso, pero también existen numerosas alternativas, como aerosoles, gránulos, comprimidos, cápsulas recubiertas, administración oral (vacunas o gotas) y sobres de polvo. Los productores optan por añadir formulaciones al agua, además de al pienso (Krysiax et al., 2021) 

Los probióticos comerciales disponibles para la avicultura se dividen en tres clases: bacterias, levaduras y una mezcla de bacterias y levaduras. Cada clase puede estar compuesta por una o más cepas pertenecientes o no al mismo género (Tablas 1 y 2). 

Los avances en la investigación del microbioma podrían permitir el desarrollo de probióticos específicos para cada cepa, adaptados a las necesidades individuales. Los probióticos de precisión, un enfoque dirigido a los probióticos que podría tener en cuenta la variabilidad de las cepas probióticas, los hospedadores y sus microbiomas, podrían actuar sobre patógenos específicos o deficiencias metabólicas. 

Así también, la combinación de probióticos con prebióticos (simbióticos) ofrece beneficios sinérgicos al mejorar la supervivencia y la colonización de microorganismos beneficiosos (Naeem y Bourassa, 2025). 

A pesar de los avances logrados en los probióticos en las últimas décadas, este campo aún presenta desafíos. Algunos de estos se relacionan con la comercialización de productos, el control de calidad y el cumplimiento de las diversas normativas existentes en todo el mundo. 

Otros desafíos se refieren al estudio científico de los organismos probióticos. Es frecuente observar una alta variabilidad en la respuesta y eficacia de los microorganismos probióticos, posiblemente debido a diferencias entre los productos evaluados, las poblaciones animales, las condiciones de vida y otros factores. 

La falta de coherencia en los modelos y enfoques experimentales para la evaluación de microorganismos probióticos también contribuye a esta variabilidad. Se espera que muchos de estos desafíos se resuelvan a medida que se produzcan avances científicos y se mejoren las metodologías experimentales (Swanson et al., 2025).  

Tabla 1. Resumen de los probióticos comerciales disponibles compuestos por bacterias o levaduras para su aplicación en aves de corral (Basado en Bueno et al., 2024). Incluye los nuevos nombres de algunos géneros que antes pertenecían al género Lactobacillus (Zheng et al., 2020). 

Tabla 2. Resumen de los probióticos comerciales disponibles compuestos por mezclas de bacterias y levaduras para su aplicación en aves de corral (Basado en Bueno et al., 2024). Incluye los nuevos nombres de algunos géneros que antes pertenecían al género Lactobacillus (Zheng et al., 2020). 

Conclusiones  

Los probióticos constituyen una herramienta prometedora para mejorar la salud intestinal, el bienestar y el desempeño productivo de las aves, contribuyendo además a una producción más sostenible y a la disminución del uso de antimicrobianos. Sin embargo, sus beneficios no son universales ni automáticos, ya que dependen de múltiples factores relacionados con el microorganismo utilizado, el hospedador y las condiciones de producción. 

La selección adecuada de las cepas, la dosis y el momento de administración, junto con una correcta nutrición, manejo, bioseguridad y estado sanitario de las aves, son aspectos determinantes para alcanzar los resultados esperados. Asimismo, las interacciones con otros aditivos alimentarios pueden potenciar o limitar su eficacia.  

En consecuencia, los probióticos deben considerarse como parte de una estrategia integral de salud y producción avícola, y no como una solución aislada. El conocimiento de los microorganismos involucrados, sus mecanismos de acción, fortalezas y limitaciones permitirá maximizar sus beneficios y favorecer una avicultura más eficiente, rentable y sustentable.  

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