Salud Animal
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La acidosis ruminal subaguda, conocida como SARA, es uno de los trastornos metabólicos más frecuentes en el ganado lechero y de carne, pero también uno de los más difíciles de detectar. Muchas veces pasa desapercibida porque no presenta signos clínicos claros.
Sus efectos sobre la digestión, la salud y la productividad pueden ser importantes. Más allá de una simple reducción de pH, la SARA es sobre todo un problema de desequilibrio en la microflora del rumen, un ecosistema microbiano esencial para la digestión y para la eficiencia productiva del animal.
Cuando este ecosistema se altera, no solo cambia la fermentación, sino que se desencadenan efectos colaterales que afectan a todo el organismo. En los sistemas intensivos, donde se utilizan dietas ricas en energía y almidón, este equilibrio es especialmente frágil.
Cuando se rompe, aparecen problemas digestivos, pérdida de rendimiento y riesgos sanitarios que impactan directamente en la rentabilidad de la explotación.
El rumen es un sistema de fermentación único. En él conviven bacterias, protozoarios, hongos y arqueas que trabajan en conjunto para transformar el alimento en nutrientes utilizables. Gracias a esta comunidad, los rumiantes pueden aprovechar la fibra vegetal.
En condiciones normales, con dietas ricas en forraje, predominan las bacterias fibrolíticas, como Ruminococcus spp. y Fibrobacter succinogenes. Estas bacterias degradan la fibra y producen ácidos grasos volátiles, principalmente acetato y butirato, compuestos esenciales para el aporte de energía.
En vacas lecheras, el acetato y el butirato son fundamentales para la producción de grasa en la leche. Al mismo tiempo, bacterias como Megasphaera elsdenii y Selenomonas ruminantium transforman el ácido láctico en compuestos menos agresivos, evitando su acumulación.
La SARA aparece principalmente cuando hay un exceso de carbohidratos rápidamente fermentables, especialmente almidón, y una falta de fibra efectiva. Este desequilibrio modifica la fermentación dentro del rumen y altera su microflora.
En estas condiciones, bacterias amilolíticas como Streptococcus bovis y Lactobacillus spp. se multiplican rápidamente, fermentan el almidón a gran velocidad y producen grandes cantidades de ácidos grasos volátiles y ácido láctico.
En principio, el animal puede compensar gracias a la saliva y a las bacterias que consumen lactato. Pero cuando la fermentación es demasiado intensa, el sistema tampón del rumen deja de ser suficiente y el pH empieza a bajar.
Si el pH se mantiene por debajo de 5,8 durante varias horas al día, el ecosistema microbiano cambia: las bacterias fibrolíticas reducen su actividad y las bacterias que utilizan lactato se ven afectadas, lo que favorece la acumulación de ácido láctico.
Al mismo tiempo, aumentan las bacterias que toleran la acidez y siguen produciendo más ácido. Esto crea un círculo vicioso: más ácido reduce el pH, y un pH más bajo favorece la producción de más ácido, desestabilizando completamente el rumen.
El primer impacto de la SARA es la reducción de la digestión de la fibra. Al disminuir la actividad de las bacterias fibrolíticas, el animal aprovecha menos el alimento, lo que se traduce en una menor eficiencia alimentaria.
En ganado de carne, esto significa menor ganancia de peso. En vacas lecheras, el impacto se observa tanto en la cantidad como en la calidad de la leche: la menor producción de acetato reduce la síntesis de grasa, provocando una caída del contenido graso y de la producción total.
La acidez repetida daña también la pared del rumen. Aparece inflamación, conocida como ruminitis, y pueden desarrollarse lesiones o úlceras que facilitan el paso de bacterias y toxinas hacia el torrente sanguíneo.
La lisis de bacterias Gram negativas libera lipopolisacáridos (LPS) que provocan inflamación en todo el organismo. Estas toxinas pueden afectar al hígado, aumentando el riesgo de abscesos, y también están relacionadas con la laminitis, que afecta a las pezuñas.
La laminitis tiene un impacto importante en el bienestar animal y en la productividad de la explotación. En resumen, la SARA es una alteración del equilibrio microbiano que termina afectando a todo el animal.
Prevenir la SARA no consiste solo en subir el pH, sino en mantener una microflora estable. Para ello, es fundamental aportar suficiente fibra efectiva, evitar cambios bruscos en la dieta y cuidar el tamaño de partícula del alimento.
Sin embargo, en sistemas intensivos estas medidas no siempre son suficientes. Las dietas ricas en almidón generan una fermentación muy rápida que puede superar la capacidad natural tampón del rumen, haciendo necesario el uso de soluciones nutricionales adicionales.
El óxido de magnesio (MgO) es una herramienta útil para controlar la acidez del rumen. A diferencia del bicarbonato, que actúa rápido pero poco tiempo, el MgO tiene un efecto más prolongado.
En el rumen, el MgO reacciona con los ácidos y libera iones hidroxilo, neutralizando la acidez de forma progresiva y permitiendo mantener un pH más estable durante el día. Esto favorece el equilibrio microbiano y limita las bacterias acidógenas.
Un pH más estable permite mantener activas las bacterias fibrolíticas y favorece las bacterias que consumen lactato. El MgO no solo actúa sobre el pH, sino también sobre la estabilidad biológica del rumen.
La eficacia del MgO depende de su calidad. Factores como el origen, el proceso de fabricación y el tamaño de partícula influyen en su comportamiento en el rumen. Algunos productos se disuelven lentamente y no son eficaces, otros no mantienen su efecto en el tiempo.
Por eso, elegir un MgO adecuado es clave para obtener resultados consistentes.
Para mejorar la estabilidad del rumen, Terresis ha desarrollado pHix-up®, una mezcla específica de óxido de magnesio diseñada para combinar efectos de rápida acción y un efecto duradero. Su formulación permite una buena solubilidad y una reactividad adaptada al entorno ruminal.
En estudios realizados con vacas equipadas con sensores de pH, se observó que los animales suplementados con pHix-up® pasaban unos 85 minutos menos al día por debajo del pH crítico de 5,8. Además, el producto ayudó a reducir las variaciones de pH a lo largo del día.
En otro estudio experimental, pHixup® permitió mantener bacterias importantes como Fibrobacter succinogenes y mejorar la digestibilidad de la fibra. También se observó un efecto positivo sobre otras bacterias benéficas del rumen.
Estos resultados muestran que estabilizar el pH ayuda directamente a proteger la actividad microbiana del rumen, lo que se traduce en mejoras en la salud y el rendimiento del animal.
La SARA es, ante todo, un problema de desequilibrio microbiano. Entender y proteger la microflora del rumen es clave para prevenir sus efectos. Una buena gestión de la alimentación, combinada con soluciones adaptadas, permite mantener un entorno ruminal más estable.
Herramientas como pHix-up® pueden ayudar a sostener el equilibrio del rumen, mejorar la digestión y proteger la salud del animal. En los sistemas actuales, donde la eficiencia es fundamental, cuidar la microflora del rumen es una prioridad para asegurar un rendimiento duradero.
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