12 Oct 2026
Una investigación desarrollada por científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) abre nuevas perspectivas para reducir la dependencia de fertilizantes nitrogenados mediante el aprovechamiento de bacterias presentes en el suelo. El trabajo, encabezado por la investigadora Esperanza Martínez Romero, del Centro de Ciencias Genómicas, estudia la capacidad de microorganismos del género Rhizobium para suministrar nitrógeno a determinadas plantas.
Esta línea de investigación resulta relevante para la agricultura por su potencial para optimizar la nutrición vegetal, reducir los costos de producción y disminuir los impactos ambientales asociados al uso intensivo de fertilizantes químicos.
El nitrógeno es un nutriente esencial para el crecimiento de las plantas, ya que interviene en la formación de proteínas y otras moléculas fundamentales para su desarrollo. Aunque este elemento abunda en la atmósfera, las plantas no pueden aprovecharlo directamente en su forma gaseosa y necesitan acceder a compuestos que puedan incorporar a sus procesos metabólicos.
Algunas bacterias tienen la capacidad de transformar el nitrógeno atmosférico en formas aprovechables por los vegetales mediante un proceso conocido como fijación biológica del nitrógeno.
La relación entre las bacterias Rhizobium y determinadas plantas constituye un ejemplo de simbiosis, en el que ambos organismos obtienen beneficios. Los microorganismos reciben azúcares producidos por la planta mediante la fotosíntesis y encuentran un ambiente protegido en sus raíces. A cambio, contribuyen al suministro de nitrógeno necesario para el crecimiento del cultivo.
Esta interacción se presenta principalmente en las leguminosas y representa una alternativa biológica para mejorar el aprovechamiento de nutrientes y reducir la necesidad de aportes externos en determinados sistemas agrícolas.
El proceso comienza cuando las raíces liberan sustancias que favorecen la interacción con bacterias compatibles presentes en el suelo. En las asociaciones simbióticas con leguminosas, esta relación puede conducir a la formación de pequeñas estructuras llamadas nódulos radiculares.
En el interior de estos nódulos, los microorganismos encuentran condiciones adecuadas para realizar la fijación del nitrógeno. En este proceso interviene la enzima nitrogenasa, responsable de transformar el nitrógeno atmosférico en compuestos que la planta puede utilizar para su desarrollo.
De acuerdo con las explicaciones asociadas a la investigación de Martínez Romero, una asociación eficiente entre bacterias y plantas puede contribuir a disminuir parcial o totalmente la necesidad de fertilización nitrogenada, según el cultivo y las condiciones de producción.
Sin embargo, este mecanismo no supone una sustitución automática de los fertilizantes industriales. Su efectividad depende de la compatibilidad entre los microorganismos y las especies vegetales, así como de las características del suelo y del ambiente.
El aprovechamiento de bacterias fijadoras de nitrógeno podría generar beneficios económicos cuando permite reducir la cantidad de fertilizante que necesita un cultivo sin comprometer su rendimiento.
La magnitud del ahorro depende de factores como la dosis de fertilización que pueda sustituirse, el costo de los insumos, la respuesta productiva y las condiciones de manejo. La información disponible sobre esta investigación no proporciona porcentajes de ahorro ni estimaciones económicas específicas para explotaciones comerciales.
Desde el punto de vista ambiental, mejorar la eficiencia en el suministro de nitrógeno también puede contribuir a reducir algunos de los efectos asociados con el uso excesivo de fertilizantes, como las pérdidas de nutrientes hacia el agua y las emisiones relacionadas con su aplicación y transformación en el suelo.
Por ello, el interés científico no se limita a sustituir un insumo por otro, sino a aprovechar procesos biológicos que permitan mejorar la eficiencia de la nutrición vegetal y avanzar hacia sistemas agrícolas menos dependientes de aportes externos.
Uno de los principales retos de esta línea de investigación consiste en ampliar los beneficios de las asociaciones entre bacterias y plantas a cultivos que no desarrollan naturalmente el mismo mecanismo de nodulación que las leguminosas.
El equipo de Martínez Romero lleva más de 15 años investigando las relaciones entre microorganismos y plantas, con especial interés en comprender cómo podrían mejorarse estas interacciones. Entre los cultivos de interés se encuentra el maíz, una especie de gran importancia para la producción de alimentos y la industria agroalimentaria.

A diferencia de las leguminosas que establecen asociaciones simbióticas con Rhizobium, el maíz no forma normalmente los mismos nódulos radiculares. Esta diferencia biológica dificulta trasladar directamente los beneficios de la fijación simbiótica del nitrógeno a este cultivo.
Por ello, los investigadores estudian los mecanismos que intervienen en las relaciones entre las plantas y las bacterias fijadoras. No obstante, la información disponible no confirma que exista ya una tecnología comercial capaz de reemplazar la fertilización nitrogenada convencional en la producción de maíz.
La posible aplicación agrícola de estas investigaciones depende de que las asociaciones entre microorganismos y plantas demuestren resultados consistentes bajo condiciones reales de producción.
La presencia de bacterias potencialmente beneficiosas en el suelo no garantiza por sí sola una respuesta favorable. La compatibilidad entre las especies, las propiedades del suelo, las condiciones climáticas y las prácticas de manejo pueden influir en la eficacia de la fijación biológica del nitrógeno.
En consecuencia, los resultados obtenidos en determinadas especies o condiciones experimentales no deben extrapolarse automáticamente a otros cultivos o regiones productivas.
La investigación de la UNAM contribuye a ampliar el conocimiento sobre el potencial de los microorganismos en la nutrición vegetal. Su desarrollo futuro podría aportar nuevas herramientas para mejorar la eficiencia en el uso de fertilizantes, siempre que los beneficios agronómicos, económicos y ambientales se confirmen mediante evaluaciones específicas.
Para la agricultura latinoamericana, el avance de estas tecnologías representa una línea de interés estratégico ante la necesidad de optimizar los costos de producción, mejorar el aprovechamiento de nutrientes y desarrollar sistemas agrícolas más sostenibles.
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