18 May 2015
Para compensar las oscilaciones de temperatura y mantener el equilibrio térmico, las aves disponen de una serie de mecanismos de adaptación, mediante modificaciones de su comportamiento y fisiología.
En el caso de los pollos, cuando ya están totalmente emplumados (sobre las cinco semanas de vida) es cuando son mas sensibles al estrés térmico por calor. Como aproximación, se considera que se dan condiciones ambientales de estrés por calor, cuando a partir de 27ºC, la suma de la humedad relativa y la temperatura sea mayor de 105.
Cuando se combinan humedades relativas elevadas con altas temperaturas, las aves pierden capacidad de disipar calor. En situaciones de estrés térmico los pollos y las gallinas, al igual que las personas, reducen la ingesta para evitar el calor metabólico. Esta reducción no es lineal pero el problema se agudiza a medida que aumentan las temperaturas.
En estas situaciones, los parámetros productivos se ven reducidos y para evitarlo se deben tomar acciones a nivel de la granja que palien estos efectos.
Se deben implementar medidas de manejo así como realizar tratamientos. Una sola medida por si sola no va a solucionar el problema, sino que tenemos que combinar mejoras en el manejo, en las instalaciones, en la dieta así como en los tratamientos en el agua de bebida.
-Evitar cualquier circunstancia que provoque hacinamiento de las aves.
-En regiones cálidas se recomienda el uso de raciones de alta energía para ponedoras, sobre todo en el período inicial de producción, ya que el consumo de pienso es bastante bajo y podrían caer en déficit energético.
-En regiones cálidas, y en el caso del broiler, surge el dilema sobre la conveniencia de retirar el pienso durante las horas más cálidas del día, ya que reducen significativamente la mortalidad pero a costa de un menor aumento de peso por parte de las aves.
–Rociar desde el exterior los techos de las naves con agua.
-Emplear nebulizadores internos.
-Realizar ventilación correcta, para mantener la humedad relativa por debajo del 75% evitando corrientes de aire en las naves y zonas con ventilación defectuosa que pueden provocar un exceso de amoniaco, y se increméntelas enfermedades respiratorias.
-Realizar tratamientos en el agua de bebida.


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