El uso de fuentes de fibra es una herramienta esencial en la alimentación de animales monogástricos, sobre todo en lechones destetados, gracias a su impacto positivo sobre la salud intestinal.
Sin embargo, en la formulación práctica, la selección adecuada de la fuente de fibra es compleja, ya que las materias primas disponibles difieren entre sí en su origen, contenido fibroso y diferentes capacidades fisicoquímicas, que pueden tener grandes impactos sobre el desempeño productivo de los lechones.
El uso de las fuentes de fibra en lechones destetados es beneficioso para reforzar la función digestiva, lo que ayuda a mantener la productividad en animales jóvenes.
El mecanismo de acción es complejo y multifactorial, incluyendo el desarrollo del tracto gastrointestinal, la modulación de la microbiota a través de los procesos fermentativos, o la mejora de la morfología intestinal.
Además, contribuye a mejorar el índice de conversión al estimular la actividad enzimática y optimizar la absorción de nutrientes. Por otra parte, la mejora de la integridad de la mucosa intestinal, junto con un aumento de su motilidad, reduce la adhesión a la mucosa de la microbiota patógena.
Todos estos factores en conjunto tienden a crear un ambiente favorable, fomentan el efecto barrera intestinal, y protegen a los animales jóvenes de diarrea post-destete.
La capacidad de hidratación define la habilidad de las fuentes de fibra para absorber y retener agua en su estructura. Se determina mediante dos parámetros laboratoriales: la capacidad de retención de agua, expresada en g de agua por g de material fibroso, y la capacidad de hinchamiento, expresada en porcentaje o en mililitros de agua por gramo de muestra.
Actualmente no existe un protocolo oficial estandarizado, por lo que se aceptan distintas variantes metodológicas, incluyendo procedimientos que aplican o no fuerza centrífuga durante el análisis.
La clasificación de las fuentes de fibra según su solubilidad en agua permite estimar su capacidad de hidratación ya que las fibras solubles suelen presentar valores más elevados, debido al alto potencial de las pectinas para absorber agua en la fase amorfa.
En cambio, este parámetro en las fuentes insolubles es generalmente menor debido a la hidrofobia y la estructura cristalina, aunque puede variar entre diversas fuentes oscilando entre 3,0-8,0 g/g (Tabla 1).

Tabla 1. Capacidad de hidratación de diferentes materias primas fibrosas. Fuente: Slama et al., 2019.
La capacidad de hidratación es una propiedad intrínseca de cada materia prima, y depende en gran medida de su estructura y funcionalidad en la planta (estructura vs transporte de agua), y está altamente ligada con el tamaño de partícula.
La reducción de partícula en las fuentes como fibra de coco, celulosa, fibra de zanahoria, o cáscara de guisantes favorece la habilidad de retener agua. Este efecto se debe a que el aumento de la superficie como consecuencia de la molienda facilita una mayor interacción con las moléculas de agua, y, en definitiva, aumenta la capacidad de retener agua por la fibra.
Sin embargo, una molienda excesiva puede colapsar la estructura de la fibra y provocar una disminución de la capacidad de hidratación, lo que se observa en cáscaras de avena, pulpa de remolacha, orujo de uva o pulpa de cítricos.
Recientemente, se ha hipotetizado que una alta capacidad de retener agua es clave para evidenciar los efectos nutricionales de las fuentes de fibra.
Los beneficios de una alta capacidad de hidratación para controlar la incidencia de diarreas post-destete y favorecer los índices productivos, afectan principalmente a fuentes de fibra insolubles, dado que las solubles producen un aumento de la viscosidad intestinal, pudiendo interferir negativamente con la absorción de nutrientes y consumo en animales jóvenes.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que el uso de fuentes de fibra insolubles con alta capacidad de hidratación también tiende a retener más agua y ocupa espacio físico en el intestino.
Por eso, el “efecto desecante” relacionado con la retención de agua parece ser contradictorio, ya que, si el agua queda retenida en la matriz de la fibra, la humedad en la digesta debería aumentar, especialmente al final del tubo digestivo, donde la concentración de fibra es máxima (debido a que el resto de los nutrientes han sido absorbidos previamente).
Sin embargo, el uso de fuentes de fibra insoluble, independientemente de su capacidad de retención de agua, disminuye la humedad de las heces. Por tanto, el efecto secante parece estar más ligado con la naturaleza de la fibra (composición, tamaño de partícula), o la estimulación de la mejora la integridad de la mucosa intestinal, pero no a su capacidad de retención de agua.
Según los estudios realizados con lechones, la capacidad de retención de agua del alimento puede influir notablemente en el nivel de consumo en animales destetados.
La inclusión de la cáscara de almendra caracterizada por baja capacidad de retención de agua al 2,5% en el pienso prestarter, aumentó el consumo, el crecimiento y el índice de conversión durante los primeros 14 d en comparación con un 8% de salvado de trigo con mayor capacidad de retención de agua (Ruíz et al., 2026).
Por otra parte, el ensayo realizado por Ndou et al. (2013), mostró una relación cuadrática entre la ingesta de pienso y su capacidad de hidratación (Figura 1). En este estudio de usaron diferentes fuentes de fibra, incluyendo la mazorca de maíz, rastrojo de maíz, cáscaras de girasol, heno de gramíneas, alfalfa y lignocelulosa, para formular piensos con diferentes propiedades fisicoquímicas.
El nivel óptimo de la capacidad de hidratación (4,5 g agua/g MS en el estudio) fue aquel que permitió maximizar el consumo de alimento, mientras que una vez superado, produjo una reducción de la ingesta.

Figura 1. Relación cuadrática entre el consumo de alimento y su capacidad de hidratación. Fuente: Ndou et al. (2013)
Similares resultados se observaron en el ensayo realizado por Rybicka et al. (2024), donde los lechones destetados se alimentaron con diferentes mezclas fibrosas micronizadas procedentes de cáscara de almendra, hueso de aceituna, orujo de uva, lignocelulosa y fructooligosacáridos, formulados para tener diferente capacidad de hidratación.
Los resultados indicaron que la capacidad de hidratación media (4 g de agua/g de MS) mostró mejores niveles de consumo de pienso y crecimiento en el periodo experimental que la fuente con alta capacidad de hidratación (6,5 g/g).
Además, en este ensayo no se detectó efecto sobre el contenido de agua en el íleon, ciego, colon ni heces, en relación con fibra añadida ni su capacidad de hidratación.
Conclusiones
En definitiva, los indicios sugieren que la capacidad de hidratación de las fuentes de fibra es una característica relevante que debería ser tenida en cuenta a la hora de seleccionar las materias primas, al igual que su nivel de incorporación para la formulación de la dieta de lechones.
Los animales tienen diferentes necesidades según su edad o etapa productiva, con lo cual cabe esperar que la capacidad de retención de agua va a tener diferente impacto en función de la madurez del tracto gastrointestinal del animal.
En la fase del lechón destetado, la selección adecuada de materias primas fibrosas gana importancia para prevenir disbiosis y controlar las diarreas. Los efectos beneficiosos del uso de fibras insolubles no parecen tener relación con la capacidad de retención de agua, sino con su naturaleza y los múltiples efectos fisiológicos que inducen en el intestino.
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