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El estrés térmico en porcino no es solo un problema del verano

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El estrés térmico es predecible. Entonces, ¿por qué sigue pillando desprevenidos a los ganaderos? Según David Saornil, swine applications manager en Lallemand Animal Nutrition, seguir abordando el estrés por calor como un problema estacional está cada vez más alejado de la realidad de la producción moderna.

El aumento de las temperaturas globales y la mayor producción de calor metabólico asociada a las genéticas modernas hacen que el estrés térmico aparezca con más frecuencia, mayor intensidad y en más fases productivas que antes. Se trata de un problema multidimensional que exige una estrategia sistémica de resiliencia.

El conflicto térmico en la sala de partos

Uno de los retos más persistentes en la gestión del calor es de carácter estructural. En las salas de partos, los productores deben equilibrar dos necesidades térmicas opuestas: el calor que requieren los lechones recién nacidos y el confort térmico más fresco que necesita la cerda.

«Este contraste inevitable suele someter a la cerda a un estrés térmico significativo incluso en explotaciones bien gestionadas», explica Saornil. «Una zona más fresca para la cerda y un microclima mucho más cálido para los lechones».

Cuando este equilibrio se rompe, las consecuencias rara vez son aisladas. El estrés térmico puede afectar negativamente a la reproducción, la integridad intestinal, la eficiencia alimentaria y el bienestar animal. Es una presión sistémica que desencadena inflamación y estrés oxidativo, provocando descensos de rendimiento que repercuten en todo el ciclo productivo.

Dónde comienzan las pérdidas de rendimiento

Como explica Saornil, la lactación es a menudo la fase en la que el estrés por calor tiene un mayor impacto y donde las pérdidas pueden pasar desapercibidas hasta más adelante. Describe una secuencia que comienza con la reducción del consumo, lo que provoca una caída inmediata de la producción de leche. La disminución del flujo sanguíneo hacia la glándula mamaria limita aún más la eficiencia de la producción de leche.

«Las pérdidas tempranas más perjudiciales y silenciosas incluyen la reducción del consumo de pienso y la disminución inmediata de la producción de leche, la movilización de las reservas corporales de la cerda y la ralentización del crecimiento de la camada, que a menudo sólo se detecta en el destete», afirma Saornil.

Cuando las cerdas reducen su ingesta durante la lactación, entran en un balance energético negativo que compromete los resultados reproductivos posteriores. Por eso, el estrés térmico en lactación no afecta solo a un ciclo: condiciona la camada actual y compromete el siguiente ciclo reproductivo.

Figura 1. El estrés por calor afecta al rendimiento productivo del ciclo actual y del siguiente.

Los costes “silenciosos” y retardados

Quizá el aspecto más frustrante del estrés térmico sea el desfase temporal entre el episodio de calor y su impacto económico. En las cerdas reproductoras, el daño no siempre es inmediato. El estrés por calor altera la función ovárica y el equilibrio hormonal, pero las consecuencias suelen aparecer entre 60 y 120 días después.

«Estos efectos suelen manifestarse como una disminución del número de lechones a final de año, salas de partos con plazas vacías y un flujo productivo irregular», explica Saornil. Sostiene que la reducción del consumo es la pérdida económica más infravalorada, ya que impulsa de forma silenciosa un peor crecimiento y una lactación más débil. «Estas ineficiencias ocultas se acumulan en el conjunto de la granja y se subestiman fácilmente porque aparecen meses después de que haya remitido el calor».

Para detectar estas pérdidas de forma temprana, Saornil recomienda vigilar indicadores “silenciosos” antes de que disminuyan las tasas de parto: intervalos destete-celo más largos, expresión irregular del celo y una menor calidad seminal en los verracos.

El intestino: Una nueva forma de entender el estrés térmico

Aunque a menudo se simplifica el estrés térmico como “los cerdos comen menos”, el enfoque actual se centra en la integridad intestinal. Cuando un cerdo sufre estrés térmico, el flujo sanguíneo se desvía de los órganos internos hacia la piel para facilitar la disipación de calor, dejando la mucosa intestinal con menor aporte de oxígeno y más vulnerable.

Esto desencadena una reacción en cadena: la barrera intestinal se debilita (el conocido intestino permeable), lo que provoca estrés oxidativo, daño de las vellosidades y paso de endotoxinas. «Esto convierte al intestino en un factor clave de las pérdidas de rendimiento, los problemas sanitarios y la inflamación, incluso más allá de los efectos sobre el consumo», afirma Saornil. En la práctica, este deterioro se traduce en una peor digestibilidad de los nutrientes y un crecimiento irregular.

De la temperatura a la carga térmica

Para gestionar este riesgo, Saornil defiende un cambio en la forma de medir el ambiente. La temperatura por sí sola es una métrica insuficiente. La humedad limita la evaporación y, por tanto, la capacidad de enfriamiento, lo que hace que el umbral fisiológico de estrés se alcance mucho antes de lo esperado.

«El índice temperatura humedad (THI) y los umbrales específicos por fase productiva son mucho más fiables que la temperatura sola», explica. Las cerdas en alta producción durante la lactación y los cerdos de cebo de gran tamaño tienen una elevada carga de calor corporal y una capacidad limitada para disiparlo; pueden entrar en estrés a temperaturas que parecen seguras según un termómetro convencional.

¿Cómo detectar el estrés térmico en porcino?

Palidez y sequedad de la piel.

Inactividad, apatía.

Disminución de la ingesta de alimento.

Aumento del consumo de agua.

Incremento del jadeo y de la frecuencia cardíaca.

Aumento de la temperatura rectal.

Disminución del crecimiento.

Deterioro del rendimiento reproductivo.

Mortalidad.

Construir una estrategia de resiliencia

¿Cómo se traduce en la práctica un enfoque centrado en la resiliencia? Saornil destaca tres pilares fundamentales:

Ambiente y rutina: optimizar la ventilación para controlar la humedad y garantizar que los animales tengan oportunidad de recuperarse durante la noche. La duración del periodo de calor sin recuperación suele ser más perjudicial que los picos de temperatura.

Estrategia de alimentación: aumentar la frecuencia de las comidas y desplazar los horarios de alimentación hacia las horas más frescas para proteger la ingesta de nutrientes.

Apoyo nutricional: distintos estudios¹,² indican que intervenciones nutricionales específicas pueden ayudar a mitigar estos factores de estrés fisiológico. Por ejemplo, la levadura viva Saccharomyces cerevisiae var. boulardii CNCM I-1079 (comercializada como LEVUCELL SB) puede contribuir a estabilizar las respuestas metabólicas y hormonales, mejorando la sensibilidad a la insulina y el consumo voluntario.

Para reforzar la resiliencia frente al estrés oxidativo, los productores pueden suplementar las dietas con ingredientes específicos, como la levadura Saccharomyces cerevisiae enriquecida en selenio (comercializada como ALKOSEL R397) o un zumo de melón liofilizado rico en la enzima antioxidante primaria superóxido dismutasa, conocido comercialmente como MELOFEED. Estos suplementos refuerzan directamente las defensas antioxidantes a nivel celular, donde se producen las especies reactivas de oxígeno.

Al reducir el daño celular en los tejidos reproductivos, estas intervenciones favorecen la implantación embrionaria, las tasas de parto y la madurez de los lechones al nacimiento.

Conclusión

El estrés por calor es un riesgo predecible para la reproducción, la lactación y la salud intestinal. Las explotaciones más eficientes están abandonando un enfoque reactivo basado únicamente en la refrigeración para adoptar un sistema proactivo. Reducir la carga térmica, proteger la ingesta en las fases de mayor riesgo y vigilar indicadores tempranos permite corregir pequeños desajustes antes de que se conviertan en problemas costosos a largo plazo.

La resiliencia no consiste en “sobrevivir al verano”, sino en mantener la estabilidad del sistema productivo durante todo el año, mes a mes.

Referencias

¹Serviento, Aira Maye, Mathieu Castex, David Renaudeau, and Étienne Labussière. 2022. “Effect of Live Yeast Supplementation and Feeding Frequency in Heat-Stressed Pigs.” AnimalScience Proceedings 13, no. 3: 447–449. https://doi.org/10.1016/j.anscip.2022.07.174

²Barbé, Florence, Fernando Bravo de Laguna, Eric Chevaux, Claudia Koehne, David Saornil, y Monika Korzekwa. 2019. “Effet d’une supplémentation en antioxydants sur les performances de reproduction des truies.” Poster A23, presented at the Journées de la Recherche Porcine, París, Francia. https://www.journees-rechercheporcine.com/texte/2019/poster/A23_Barbe.pdf

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