América Latina se caracteriza por una ganadería y lechería en gran medida pastoril, donde el forraje es la base de la alimentación de los rumiantes. Si bien la energía y la proteína suelen ser los focos principales de atención, existe un factor que a menudo se subestima, pero puede limitar la productividad: la nutrición mineral.

Los animales en pastoreo dependen casi exclusivamente del forraje, el agua y, en ocasiones, la ingesta de suelo para satisfacer sus necesidades minerales. Esta dependencia los hace especialmente vulnerables a desbalances y deficiencias, que se traducen en bajas tasas de concepción, menor ganancia de peso, mayor susceptibilidad a enfermedades y, en última instancia, pérdidas económicas significativas. 

Ningún otro factor tiene tanto potencial para incrementar la producción ganadera en la región a un costo tan bajo como una adecuada suplementación mineral. 

Sin embargo, en sistemas pastoriles resulta complejo identificar cuál es el mineral que actúa como limitante. Mientras que en confinamiento es relativamente sencillo aportar un núcleo mineral según los requerimientos, en pastoreo el diagnóstico y la suplementación se convierten en un desafío de difícil resolución.

Aunque los minerales más abundantes y los que los animales necesitan en mayor cantidad son los llamados macrominerales (como el Ca o el P), en esta oportunidad vamos a enfocarnos en los llamados microminerales u oligoelementos. 

Pero empecemos por el principio: ¿qué son los microminerales y para qué sirven?

El criterio de clasificación: la cantidad

En nutrición animal, los minerales se dividen en dos grandes grupos según la cantidad que el organismo necesita y, por lo tanto, la concentración en la que se encuentran en el cuerpo. 

La línea divisoria es puramente cuantitativa y no refleja su importancia: ambos grupos son esenciales para la vida, la salud y la productividad del animal. La diferencia radica en las concentraciones requeridas en la dieta.  

Tabla 1. Clasificación de los minerales esenciales en rumiantes según su requerimiento nutricional. 

Adaptado de Underwood & Suttle (1999) y McDowell (2012). Los elementos listados corresponden a los esenciales reconocidos para rumiantes en condiciones prácticas.

En definitiva, los microminerales se requieren en cantidades ínfimas, “a pizcas”, pero actúan como engranajes en complejos mecanismos biológicos. La mayoría forman parte de enzimas, hormonas o vitaminas, catalizando reacciones vitales. Los siete oligoelementos clásicos para rumiantes son:

  • Cobalto (Co): esencial para la síntesis de vitamina B12 por los microorganismos del rumen, clave en el metabolismo energético y la formación de glóbulos rojos.
  • Cobre (Cu): participa en la pigmentación del pelo, formación ósea, función inmunológica y metabolismo del hierro; componente de enzimas antioxidantes.
  • Zinc (Zn): fundamental para la integridad de piel y pezuñas, cicatrización, inmunidad y reproducción (espermatogénesis y ovulación).
  • Hierro (Fe): componente central de la hemoglobina y la mioglobina; la deficiencia en adultos a pastoreo es rara.
  • Manganeso (Mn): esencial para el desarrollo óseo, metabolismo de carbohidratos y lípidos, y reproducción (ovulación y calidad espermática).
  • Selenio (Se): antioxidante que forma parte de la glutatión peroxidasa, protege las membranas celulares; trabaja en sinergia con la vitamina E.
  • Yodo (I): componente fundamental de las hormonas tiroideas (T3 y T4), que regulan la tasa metabólica basal, el crecimiento y la termorregulación.

Estos siete son los que históricamente han mostrado deficiencias en condiciones de campo en Latinoamérica y en el mundo, y constituyen el núcleo de las estrategias de suplementación.

Un octavo elemento, el molibdeno (Mo), es esencial desde el punto de vista bioquímico, pero sus deficiencias naturales en rumiantes son extremadamente raras. Paradójicamente, en Latinoamérica el problema con el Mo no es su escasez, sino su exceso, que interfiere con la absorción del cobre y agrava sus deficiencias.

Finalmente, existe un grupo de elementos “nuevos” o aún en debate –cromo (Cr), níquel (Ni), silicio (Si), flúor (F), estaño (Sn), vanadio (V) y arsénico (As)–. Aunque experimentos controlados han demostrado que algunos pueden cumplir funciones fisiológicas, no se han establecido requerimientos prácticos para rumiantes ni se han reportado deficiencias espontáneas en pastoreo, por lo que su inclusión en fórmulas minerales no está justificada con la evidencia actual.

Evolución de los requerimientos de oligoelementos

La publicación de las 8ª ediciones revisadas de los requerimientos para ganado de carne y leche (Nutrient Requirements of Beef Cattle (NASEM, 2016) y Dairy Cattle (NASEM, 2021), respectivamente) introdujo cambios significativos respecto a las ediciones anteriores del NRC. Estos ajustes reflejan una mejor comprensión del metabolismo mineral y de las necesidades reales de los animales en los sistemas productivos modernos.

Tabla 2. Evolución de los requerimientos establecidos por el sistema NRC para los principales microminerales. 

Nota: Los valores corresponden a concentraciones en la materia seca de la dieta total. Fuentes: NRC (2000, 2001); NASEM (2016, 2021).

En síntesis, los principales cambios fueron los siguientes: 

  • En ganado de leche, los requerimientos de Zn, Mn y Co aumentaron sustancialmente, reflejando su rol en la inmunidad, fertilidad y producción láctea.
  • El cobre en vacas de alta producción se redujo, reconociendo que niveles excesivos pueden ser tóxicos y que la suplementación debe ajustarse con cuidado, especialmente en sistemas donde se utilizan subproductos ricos en cobre.
  • En ganado de carne, los requerimientos se mantuvieron estables, aunque la investigación actual sugiere que, en sistemas pastoriles con deficiencias múltiples, puede ser necesario suplementar por encima de los mínimos establecidos.

Lo que muestran los diagnósticos

Más allá de los valores teóricos, los diagnósticos en condiciones reales revelan brechas importantes

Schaeffer et al. (2025) analizaron casi 1.500 muestras de hígado de bovinos sometidos a diagnóstico en California (857 de carne y 638 de leche). En total, el 73 % de los bovinos de carne y el 45 % de los lecheros presentaban deficiencia de al menos un oligoelemento

En carne, las deficiencias más frecuentes fueron selenio (46 %), manganeso (39 %) y cobre (33 %). En leche, las deficiencias fueron manganeso (37 %), selenio (10 %) y cobre (5 %). La mayor incidencia en carne se atribuye a que estos animales suelen recibir minerales a voluntad, mientras que los lecheros consumen una ración total mezclada con suplemento mineral. 

Curiosamente, una proporción importante de los bovinos lecheros mostró niveles excesivos de cobre y selenio, indicando una posible sobre suplementación.

Panorama regional de las deficiencias de oligoelementos en Latinoamérica

La información disponible sobre deficiencias de oligoelementos en sistemas pastoriles de Latinoamérica es fragmentada y proviene en gran medida de estudios puntuales, casos clínicos aislados, tesis de grado y literatura gris. No existen aún relevamientos sistemáticos y actualizados que permitan conocer con precisión la prevalencia real de estas carencias en la región

  • Sin embargo, los trabajos existentes coinciden en señalar patrones comunes que resultan útiles para orientar el diagnóstico y la suplementación. A continuación, se resumen los hallazgos más relevantes organizados por oligoelemento.

Selenio: deficiencia clínica documentada

La deficiencia de selenio es una de las más extendidas en la región. En Uruguay, las pasturas naturales presentan niveles en el límite inferior de los requerimientos (0,10 ppm), y se han documentado casos de enfermedad del músculo blanco en terneros (Rodríguez et al., 2018; Armand Ugón & Falcón, 2024)

En Argentina, la suplementación parenteral con Se y vitaminas mejoró la respuesta inmune y la ganancia de peso en terneras al destete (Mattioli et al., 2020)

En Chile, bolos intraruminales con selenio aumentaron la actividad de glutatión peroxidasa (GPx) durante 145 días en vaquillas (Heufemann, 2011), mientras que en cabritos de la Región Metropolitana se diagnosticó deficiencia crítica (100 % de los animales) con valores sanguíneos tan bajos como 18,48 ppb en juveniles (Rodríguez et al., 2021)

En México, bolos de selenito de sodio elevaron eficazmente los niveles plasmáticos de Se en cabritos durante más de 30 días (Rodríguez Patiño et al., 2024)

En Ecuador, una revisión sistemática confirmó que la deficiencia de Se es causa importante de trastornos reproductivos y miodegeneraciones (Fernández-Cheme & Aguilar-Camba, 2025).

Cobre: niveles deficitarios en pasturas, expresión variable

El Cu también es bajo en las pasturas de la región. En Uruguay, la media histórica es 6,8 ppm, con registros recientes de 5,4 ppm en avena y raigrás (Ungerfeld, 1998; Armand Ugón y Falcón, 2024). Sin embargo, solo el 7 % de los predios uruguayos presentó cupremia baja, sugiriendo compensación mediante selectividad o reservas hepáticas. 

En Argentina, se ha documentado hipocupremia moderada a leve en terneras del norte de Salta (Micheloud et al., 2017), mientras que en Santa Fe los valores séricos se mantuvieron mayormente dentro del rango de referencia (Luna, 2011)

En Chile, los bolos intraruminales evitaron el descenso de la cupremia en vaquillas (Heufemann, 2011)

En Panamá, un estudio de mercado reveló que la mayoría de los suplementos son inorgánicos con perfiles bajos de Cu, pero la fuente orgánica mostró mejor biodisponibilidad y correlación con actividad ovárica (Castillo, 2022)

La revisión ecuatoriana subraya que la deficiencia de microminerales como el Cu se asocia a fallas en la ciclicidad ovárica y retención placentaria (Fernández-Cheme y Aguilar-Camba, 2025).

Zinc: la paradoja de niveles adecuados en pasturas pero deficiencia en sangre

El Zn presenta un comportamiento llamativo: los niveles en pastura suelen ser adecuados (Uruguay: 24–41 ppm; Argentina: similares), pero persiste deficiencia en sangre

En Uruguay, el 29 % de los predios tuvo más del 30 % de animales con zinquemia baja (Armand Ugón y Falcón, 2024)

En Argentina, Luna (2011) encontró deficiencia de Zn en suero en dos de tres campos, a pesar de niveles adecuados en alfalfa, atribuyéndolo a competencia con hierro (226–510 ppm). Esta interacción también fue señalada por Glauber (2008)

En Chile, los bolos no modificaron los niveles séricos de Zn (Heufemann, 2011), y en Panamá no se observaron diferencias en Zn sanguíneo entre fuentes orgánicas e inorgánicas (Castillo, 2022)

  • Esto indica que el estatus del Zn no puede inferirse solo por su concentración en la pastura. La presencia de antagonistas (Fe, Ca, P, fitatos) es determinante.

La evidencia integrada de seis países confirma que las deficiencias de Se, Cu y Zn son un desafío común en los sistemas pastoriles de Latinoamérica

El selenio presenta deficiencia clínica documentada y niveles críticos en pastura; el cobre es deficitario en la mayoría de las pasturas pero con expresión variable; el zinc muestra niveles adecuados en pastura pero deficiencia en sangre, apuntando a problemas de biodisponibilidad por antagonistas. 

De todas formas, es conveniente que las estrategias de suplementación de microminerales se basen en diagnósticos objetivos regionales o prediales, y priorizar fuentes de alta biodisponibilidad.

El equilibrio es clave

 Aunque las deficiencias minerales son el problema más frecuente en los sistemas predominantes en Latinoamérica, la suplementación sin criterio técnico puede generar excesos que también afectan la salud y productividad. Veamos algunos ejemplos concretos:

  • Cobre (Cu): Más del 90 % de las granjas lecheras en EE.UU. y Canadá suplementan por encima de los requerimientos, con niveles un 70–80 % superiores a lo recomendado (Overton & Yasui, 2014; Weiss, 2020) y compatibles con niveles de toxicidad. En ovinos, la intoxicación por cobre es aún más frecuente, con casos documentados en Uruguay asociados a pasturas de trébol con bajo molibdeno (Alonso & Decía, 1988). 
  • Selenio (Se): El margen entre deficiencia y toxicidad es estrecho. Niveles superiores a 5–8 ppm en pastura pueden causar alcalosis selenótica (pérdida de pelo, pezuñas deformes, anorexia). En ganado lechero, la suplementación empírica ha llevado a niveles hepáticos excesivos en el 20–30 % de los animales en algunos estudios.
  • Flúor (F) y otros contaminantes: Las sales minerales comerciales pueden contener elementos peligrosos como flúor (máximo aceptable 30–50 mg/kg), cobre, selenio y azufre, que sin el correcto asesoramiento pueden resultar riesgosos (Schild, 2022; Jubb & Crough, 1988).

Por otra parte, no olvidemos que hay interacciones entre minerales: El exceso de un mineral puede inducir deficiencia de otro. Altos niveles de molibdeno (Mo) o azufre (S) interfieren con la absorción de cobre, agravando deficiencias incluso con aportes adecuados de Cu. En brotes de hipomagnesemia (Doncel et al., 2019, 2021), las pasturas con altos niveles de potasio (K) y nitrógeno (N) interfirieron con la absorción de magnesio, mostrando que la sobresuplementación no es el único desbalance a considerar.

La evolución de los requerimientos oficiales refleja un mayor conocimiento de las necesidades reales de los animales. En los sistemas pastoriles del Cono Sur, donde predominan las deficiencias múltiples, el riesgo principal sigue siendo la carencia, pero no debe ignorarse el peligro de la sobresuplementación cuando las formulaciones no se ajustan a diagnósticos objetivos. En definitiva, lo dicho arriba: el equilibrio es clave; ni déficit ni excesos.

Estrategias de prevención y manejo

Abordar las deficiencias de oligoelementos en sistemas pastoriles es un desafío técnico considerable. No existen recetas universales, pero cuando se logra identificar y corregir la limitante, la inversión en suplementación suele tener una relación costo‑beneficio muy favorable, por su impacto directo en la fertilidad, la ganancia de peso y la sanidad del rodeo.

1.Diagnóstico: partir de la información disponible

Antes de suplementar microminerales, es fundamental conocer qué deficiencias son típicas de la región. La mejor herramienta es consultar la bibliografía técnica local, los servicios de extensión, los laboratorios de diagnóstico veterinario y la experiencia de colegas que ya hayan trabajado en la zona. 

Muchas regiones de Latinoamérica tienen deficiencias documentadas de selenio, cobre y zinc, que constituyen un punto de partida razonable. El análisis de forrajes se reserva para situaciones puntuales (ej. sospecha de antagonismo por molibdeno o hierro, o ajuste fino de una fórmula mineral).

2.Selección e interpretación a partir de muestras biológicas

Si se decide hacer análisis en animales, lo primero es consultar con el laboratorio o un especialista para definir qué tejido es el más adecuado según el mineral que se quiere evaluar

A modo de ejemplo, el hígado es el mejor indicador para cobre (el plasma puede ser normal incluso cuando las reservas hepáticas ya están bajas). Para selenio, la sangre entera refleja el estatus de los últimos meses, mientras que el hígado da una visión de más largo plazo. Para zinc, el plasma o suero es el indicador más usado, pero sus niveles pueden descender transitoriamente por estrés o infección, sin que haya una deficiencia real.

Un resultado de laboratorio no es un diagnóstico en sí mismo; debe interpretarse junto con los antecedentes regionales y prediales, la presencia de signos clínicos o subclínicos, y la época del año y la categoría animal. Como orientación, se pueden utilizar valores de referencia publicados en la literatura especializada. 

Por ejemplo, Swecker (2023) y Spears et al. (2022) recopilan umbrales indicativos para deficiencia: para cobre hepático < 30–50 ppm (peso húmedo); para selenio en sangre entera < 0,10–0,15 ppm; para zinc plasmático < 0,5–0,8 mg/L (este último en ausencia de procesos inflamatorios). 

Sin embargo, estos valores deben ser contrastados con la realidad local y, en lo posible, con los rangos de referencia del laboratorio que realiza los análisis.

3.Suplementación estratégica de microminerales

La forma más práctica es ofrecer mezclas minerales ad libitum (a voluntad) formuladas específicamente para la región y la categoría animal. 

  • Cuando se sospecha la presencia de antagonistas en la dieta (hierro por contaminación con tierra, molibdeno en suelos alcalinos, azufre en el agua o en ciertos forrajes), las fuentes orgánicas (quelatos, proteinatos) pueden tener una ventaja, ya que están protegidas de formar complejos insolubles en el rumen y podrían ser mejor absorbidas. 

Sin embargo, la evidencia no es concluyente para todas las situaciones; la decisión debe basarse en el asesoramiento técnico y, de ser posible, en pruebas locales.

En cuanto a las formas de administración, los bolos intraruminales de liberación prolongada han demostrado ser eficaces para suplementar selenio y cobre durante varios meses en vaquillas y cabritos, reduciendo la necesidad de manejo diario (Heufemann, 2011; Rodríguez Patiño et al., 2024)

La vía parenteral (inyectable) es útil para correcciones agudas o para cubrir períodos críticos (ej. selenio y vitaminas en terneras al destete), pero no reemplaza la suplementación oral continua, ya que los inyectables tienen una vida media limitada y no generan reservas duraderas (Mattioli et al., 2020). El enfoque más robusto combina ambas vías cuando es necesario.

4.Manejo del pastoreo, innovación y prueba de respuesta

Los requerimientos minerales son más altos en épocas de lluvia, cuando el animal está ganando peso rápidamente o produciendo leche. Por ello, la suplementación de microminerales debe ser constante durante todo el año, pero especialmente en los períodos de mayor demanda. En sistemas con deficiencias severas documentadas, puede ser necesario extender la suplementación más allá de la época de lluvias para permitir la recuperación de las reservas corporales.

Investigaciones recientes exploran el enriquecimiento de forrajes mediante la fertilización con estiércol de animales suplementados (Moscuzza y Fernández, 2012; Mississippi State University Extension, 2023) cerrando el ciclo de nutrientes de manera eficiente, aunque aún requiere validación en condiciones pastoriles.

  • Finalmente, la prueba más contundente para confirmar que un mineral está limitando la producción es la respuesta positiva a su suplementación. 

Ante la sospecha de una deficiencia de microminerales, se puede implementar una suplementación específica (no un cóctel) durante un período determinado (ej. 3 meses) y evaluar cambios en parámetros productivos o reproductivos en comparación con un grupo control o con la historia previa del rodeo.

En definitiva…

Para un productor que busca eficiencia en sistemas pastoriles, ignorar los microminerales es como intentar correr un motor de alto rendimiento con combustible de baja calidad. Si bien el Zinc parece ser de los microminerales el más frecuentemente deficiente en los forrajes de América Latina, el Cobalto y el Cobre le siguen muy de cerca, compitiendo por el “podio” de las limitaciones.

La clave para el éxito no está en buscar al “único” limitante, sino en entender que, en la práctica, nos enfrentamos a una deficiencia múltiple de microminerales. Por lo tanto, la suplementación debe ser completa y balanceada, adaptada a las condiciones específicas de cada región y sistema productivo. 

Invertir en una correcta nutrición con microminerales es, sin duda, una de las decisiones de mayor retorno económico y de menor costo relativo en la ganadería pastoril latinoamericana.

La información disponible, aunque fragmentada y en gran parte proveniente de estudios puntuales, muestra consistentemente que las deficiencias de selenio, cobre y zinc son limitantes frecuentes en los sistemas pastoriles de Latinoamérica. La complejidad del diagnóstico y la variabilidad de las respuestas a la suplementación no deben llevar a la inacción, sino a un enfoque más estratégico. 

Invertir en un buen conocimiento de la situación local —ya sea mediante consulta de antecedentes regionales o, cuando sea posible, con análisis dirigidos— y elegir fuentes minerales de alta biodisponibilidad son pasos clave para transformar una limitante silenciosa en una oportunidad de mejora productiva. 

  • En definitiva, la nutrición con microminerales no es un lujo: es una inversión de alto retorno para la ganadería pastoril de la región.

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