El destete representa uno de los mayores desafíos para la salud intestinal del lechón debido a los cambios simultáneos en la alimentación, el ambiente, la interacción social y el estado inmunológico.
La sustitución de una dieta líquida basada en leche por alimentos sólidos de origen vegetal modifica el ecosistema intestinal y desencadena una rápida reorganización de la microbiota (Choudhury et al., 2021; Ortiz Sanjuán et al., 2024).
Durante esta transición, la microbiota evoluciona desde una comunidad adaptada al metabolismo de nutrientes lácteos hacia otra especializada en la fermentación de polisacáridos complejos presentes en los ingredientes vegetales.
Este proceso se asocia con un incremento de bacterias como Prevotella, Faecalibacterium, Roseburia y Ruminococcus, consideradas indicadores de una microbiota más madura y funcional (Choudhury et al., 2021; Tian et al., 2021).
Cuando esta sucesión ecológica se retrasa o se altera, aumenta la susceptibilidad a diarrea postdestete y a procesos de disbiosis caracterizados por una menor diversidad microbiana y una mayor abundancia de bacterias oportunistas (Gresse et al., 2017; Ortiz Sanjuán et al., 2024).
En este contexto, la restricción del uso de antibióticos promotores del crecimiento y del óxido de zinc farmacológico ha impulsado la búsqueda de estrategias nutricionales que favorezcan la estabilidad intestinal.
Entre ellas, los prebióticos destacan por su capacidad para modular la microbiota, estimular la producción de metabolitos fermentativos y fortalecer la función de barrera y la respuesta inmune intestinal (Yu et al., 2020; Zhang et al., 2022; Keum et al., 2025).
Más allá de sus efectos sobre el desempeño productivo, la evidencia reciente sugiere que su principal aporte consiste en favorecer la maduración funcional de la microbiota durante el postdestete (Tian et al., 2021; Stanley et al., 2025; Keum et al., 2025).
El objetivo de esta revisión es analizar la evidencia científica sobre el papel de los prebióticos como moduladores de la maduración de la microbiota intestinal durante el postdestete en lechones, con énfasis en sus efectos sobre la sucesión microbiana, la producción de metabolitos fermentativos, la salud intestinal y su relación con el desempeño productivo.
La microbiota intestinal del lechón experimenta una rápida reorganización durante el postdestete como respuesta al cambio de una dieta basada en leche hacia alimentos sólidos de origen vegetal.
Esta modificación altera la disponibilidad de sustratos fermentables y favorece la sustitución progresiva de microorganismos especializados en el metabolismo de nutrientes lácteos por comunidades adaptadas a la degradación de polisacáridos complejos (Choudhury et al., 2021; Ortiz Sanjuán et al., 2024).
Paralelamente, se producen cambios funcionales asociados con un incremento de las rutas metabólicas relacionadas con la fermentación de fibra y la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC), elementos clave para la adaptación intestinal al nuevo régimen alimenticio (Holman et al., 2021).
En este contexto, la maduración microbiana debe entenderse no solo como un cambio en la composición bacteriana, sino como la adquisición de una mayor funcionalidad metabólica.

Estudios recientes también demuestran que este proceso puede iniciarse antes del destete, ya que la suplementación temprana con xilooligosacáridos (XOS) favorece el establecimiento de bacterias degradadoras de fibra y aumenta el potencial de producción de butirato durante la recría (González-Solé et al., 2022).
Cuando esta sucesión ecológica se retrasa o se interrumpe, aumenta la susceptibilidad a trastornos digestivos. Los lechones con diarrea postdestete presentan una menor diversidad microbiana, una reducida abundancia de bacterias fermentadoras y perfiles bacterianos que permanecen similares a los observados inmediatamente después del destete, reflejando una microbiota funcionalmente inmadura (Karasova et al., 2020; Zhu et al., 2024; Ortiz Sanjuán et al., 2024).
En consecuencia, favorecer una sucesión microbiana rápida y estable constituye uno de los principales objetivos de la nutrición durante el postdestete.
Bajo este enfoque, las estrategias nutricionales dejan de orientarse únicamente al control de patógenos y buscan acelerar el establecimiento de una microbiota funcional capaz de sostener la fermentación de carbohidratos, la producción de AGCC y la resiliencia intestinal frente a los desafíos propios de esta etapa (Choudhury et al., 2021; Ortiz Sanjuán et al., 2024).
Los prebióticos han pasado de considerarse simplemente ingredientes no digeribles a ser reconocidos como moduladores de la maduración de la microbiota intestinal durante el postdestete.
Su principal función consiste en aportar sustratos fermentables que favorecen el establecimiento de comunidades bacterianas adaptadas a la utilización de carbohidratos complejos, acelerando la transición hacia una microbiota más estable y funcional (Choudhury et al., 2021; Tian et al., 2021).
Entre los prebióticos más estudiados en lechones se encuentran los fructooligosacáridos (FOS), la inulina, los galactooligosacáridos (GOS), los xilooligosacáridos (XOS) y los mananooligosacáridos (MOS). FOS, inulina, GOS y XOS actúan principalmente mediante fermentación selectiva, promoviendo el crecimiento de bacterias asociadas con la degradación de polisacáridos y la producción de metabolitos beneficiosos.
En contraste, los MOS combinan este efecto con mecanismos de exclusión competitiva que limitan la adhesión de cepas enterotoxigénicas de Escherichia coli al epitelio intestinal (Yu et al., 2020).
Diversos estudios coinciden en que la suplementación con GOS, XOS, FOS o inulina favorece el enriquecimiento de bacterias fermentadoras y acelera la adquisición de funciones metabólicas propias de una microbiota madura.
Tian et al. (2021) observaron un incremento de poblaciones productoras de AGCC y una menor activación de vías inflamatorias tras la suplementación con GOS, mientras que Stanley et al. (2025) reportaron cambios transitorios en la estructura microbiana durante las primeras semanas posteriores al destete.
De forma similar, Keum et al. (2025) describieron modificaciones favorables de la microbiota e incrementos en bacterias asociadas con la producción de AGCC tras la suplementación con FOS e inulina.
Asimismo, la administración de XOS durante la lactancia promovió el establecimiento temprano de bacterias degradadoras de fibra y efectos que persistieron durante la recría (González-Solé et al., 2022).
Los MOS presentan un mecanismo complementario al reducir la colonización por E. coli enterotoxigénica y favorecer indirectamente la estabilidad del ecosistema intestinal. En modelos de desafío con ETEC, Yu et al. (2020) demostraron mejoras en la integridad epitelial y una menor respuesta inflamatoria, acompañadas de cambios favorables en la microbiota.
Sin embargo, la magnitud de la respuesta depende del tipo de prebiótico y de las condiciones sanitarias. Cho et al. (2020) observaron que un stimbiotico fue más eficaz que MOS o FOS para mejorar el desempeño y reducir TNF-α en lechones alimentados con dietas bajas en óxido de zinc, probablemente por una mayor estimulación de bacterias degradadoras de fibra y de la fermentación de carbohidratos.
En conjunto, la evidencia indica que los prebióticos favorecen la maduración funcional de la microbiota más que el crecimiento de un grupo bacteriano específico. Su principal contribución consiste en acelerar el establecimiento de un ecosistema microbiano capaz de utilizar eficientemente los carbohidratos complejos del alimento sólido y sostener una fermentación intestinal más estable durante el periodo postdestete.

En conjunto, la evidencia indica que los prebióticos favorecen la maduración funcional de la microbiota intestinal mediante tres mecanismos complementarios:
Aunque los mecanismos específicos varían entre tipos de prebióticos, todos buscan acelerar la transición hacia un ecosistema microbiano más estable y resiliente durante el postdestete (Tian et al., 2021; Yu et al., 2020; Keum et al., 2025).
Los prebióticos favorecen cambios consistentes en la composición y funcionalidad de la microbiota intestinal durante el postdestete. Aunque la respuesta depende del tipo de prebiótico, la dosis y las condiciones de producción, la mayoría de los estudios coinciden en que estos compuestos promueven comunidades bacterianas asociadas con una mayor maduración funcional del ecosistema intestinal (Tian et al., 2021; Keum et al., 2025).
Entre los cambios más frecuentes se encuentra el incremento de bacterias fermentadoras de carbohidratos, como Prevotella, Faecalibacterium, Roseburia y Ruminococcus, cuya presencia se asocia con una mayor capacidad para degradar polisacáridos complejos y producir metabolitos beneficiosos.
Asimismo, una mayor abundancia de Faecalibacterium, Megasphaera y Subdoligranulum se ha asociado con un mejor desempeño durante la fase de recría (Mahmud et al., 2023).
Más allá de los cambios taxonómicos, la principal consecuencia de la suplementación prebiótica es el incremento de la actividad fermentativa de la microbiota. La fermentación de carbohidratos no digeribles genera ácidos grasos de cadena corta (AGCC), principalmente acetato, propionato y butirato, metabolitos que constituyen uno de los principales indicadores de una microbiota funcionalmente madura.
Diversos estudios con GOS, FOS e inulina han demostrado aumentos en la producción de AGCC acompañados por una expansión de bacterias fermentadoras (Tian et al., 2021; Keum et al., 2025).
Entre estos metabolitos, el butirato destaca por su papel como fuente energética de los colonocitos y por su participación en el mantenimiento de la integridad epitelial y la homeostasis inmunológica, mientras que el acetato y el propionato contribuyen al metabolismo energético y a la regulación de diversas funciones fisiológicas del hospedador (Uerlings et al., 2020).
En consecuencia, la eficacia de una estrategia prebiótica debe evaluarse no solo por los cambios en la composición bacteriana, sino también por su capacidad para favorecer una microbiota metabólicamente activa capaz de sostener una producción estable de AGCC.

Los cambios inducidos por los prebióticos sobre la microbiota intestinal adquieren relevancia biológica cuando se traducen en una mejor función de barrera y en una respuesta inmune más equilibrada.
Durante el postdestete, la integridad del epitelio intestinal es esencial para mantener la homeostasis digestiva y reducir la susceptibilidad a trastornos entéricos, por lo que numerosos estudios han evaluado el efecto de los prebióticos sobre estos procesos (Yu et al., 2020; Zhang et al., 2022).

Paralelamente, diversos estudios reportan una mayor expresión de proteínas de unión estrecha, como ZO-1, claudinas y ocludina, lo que contribuye a preservar la función de barrera y reducir la permeabilidad intestinal (Yu et al., 2020; Zhang et al., 2022).
Los prebióticos también modulan la respuesta inmune mucosal. La suplementación con GOS, FOS e inulina se ha asociado con incrementos en la concentración de IgA, principal inmunoglobulina presente en la mucosa intestinal, favoreciendo la exclusión de microorganismos potencialmente patógenos sin inducir una respuesta inflamatoria excesiva (Tian et al., 2021; Keum et al., 2025).
Además, se ha observado una menor expresión de citocinas proinflamatorias como TNF-α, IL-1β e IL-6, junto con una reducción en la activación de vías dependientes de MyD88 y NF-κB, particularmente en estudios con MOS y GOS (Yu et al., 2020; Tian et al., 2021).

Aunque las mejoras observadas sobre microbiota, integridad intestinal e inmunidad son consistentes entre estudios, persiste la interrogante de hasta qué punto estos cambios biológicos se traducen en respuestas productivas medibles durante el periodo postdestete.
Los prebióticos se han utilizado tradicionalmente con el objetivo de mejorar indicadores como la ganancia diaria de peso (ADG), el consumo de alimento (ADFI) y la conversión alimenticia (FCR).
Sin embargo, la evidencia reciente demuestra que las respuestas sobre microbiota intestinal y salud digestiva son mucho más consistentes que los efectos sobre el desempeño productivo (Keum et al., 2025; Stanley et al., 2025).
La reducción de la incidencia de diarrea constituye el beneficio productivo mejor documentado. Tanto FOS como MOS disminuyen la severidad de los trastornos digestivos y favorecen una recuperación más rápida de la función intestinal, principalmente mediante el fortalecimiento de la barrera epitelial y la modulación de la respuesta inflamatoria (Yu et al., 2020; Zhang et al., 2022).
Estos efectos son especialmente evidentes durante los primeros días posteriores al destete, cuando la microbiota atraviesa su fase de mayor inestabilidad.
En contraste, los resultados sobre crecimiento y eficiencia alimenticia son más variables. Aunque diversos estudios describen mejoras en la composición de la microbiota, la producción de AGCC y la respuesta inmune, estas modificaciones no siempre se reflejan en incrementos significativos de ADG o mejoras en la conversión alimenticia (Keum et al., 2025; Stanley et al., 2025).
Esto sugiere que una microbiota más madura favorece principalmente la resiliencia intestinal y la capacidad de adaptación del lechón frente al estrés postdestete, beneficios que pueden pasar desapercibidos en sistemas con baja presión sanitaria.
Aunque ambas estrategias comparten el objetivo de mantener la estabilidad intestinal, sus mecanismos de acción son diferentes y los prebióticos difícilmente igualan por sí solos la respuesta obtenida con ZnO en condiciones de elevado desafío sanitario (Ortiz Sanjuán et al., 2024; Satessa et al., 2020).
En consecuencia, la eficacia de los prebióticos no debería evaluarse exclusivamente mediante variables zootécnicas.
Los prebióticos representan un aditivo eficaz para modular la transición ecológica de la microbiota intestinal durante el postdestete. La evidencia indica que su principal efecto consiste en favorecer el establecimiento de comunidades microbianas más maduras y funcionales, caracterizadas por una mayor abundancia de bacterias fermentadoras y una mayor producción de ácidos grasos de cadena corta.
Los beneficios más consistentes se observan sobre la salud intestinal, incluyendo una mejor integridad de la barrera epitelial, una respuesta inmune más equilibrada y una menor incidencia de diarrea postdestete.