29 Sep 2026
La combinación de inteligencia artificial, sensores, navegación satelital y automatización está llevando a las cosechadoras hacia sistemas capaces de realizar cada vez más tareas de manera autónoma, una transformación con potencial para mejorar la eficiencia de la recolección de materias primas destinadas a la alimentación animal.
La recolección de cereales y oleaginosas constituye uno de los puntos más críticos de la cadena de suministro de materias primas para la nutrición animal. Maíz, soja, trigo, sorgo y otros cultivos deben ser cosechados dentro de ventanas relativamente estrechas para evitar pérdidas de rendimiento y problemas de calidad.
En este escenario, la maquinaria agrícola está incorporando tecnologías que permiten automatizar funciones que anteriormente dependían exclusivamente del operador. GPS de alta precisión, cámaras, sensores, LiDAR, inteligencia artificial y sistemas de control automático están convergiendo para transformar las cosechadoras convencionales en plataformas capaces de tomar decisiones basadas en información obtenida directamente del campo.
Las primeras tecnologías de agricultura de precisión permitieron automatizar funciones concretas, como mantener una trayectoria determinada o controlar la velocidad de avance.
Actualmente, el desarrollo se dirige hacia sistemas más integrados. Una revisión científica publicada en 2026 sobre cosechadoras autónomas identifica avances en reconocimiento de límites de los cultivos, cartografía del terreno, navegación mediante visión artificial y sistemas inerciales, predicción de la tasa de alimentación y control adaptativo de la velocidad de avance.
El objetivo es que la máquina pueda adaptar su funcionamiento a las condiciones que encuentra durante la cosecha.
Por ejemplo, la densidad del cultivo, la humedad del grano, la inclinación del terreno y la cantidad de material que ingresa a la cosechadora pueden cambiar continuamente. Un sistema inteligente puede utilizar los datos procedentes de diferentes sensores para ajustar determinados parámetros de operación.
Uno de los principales beneficios potenciales de estas tecnologías está relacionado con el control de las pérdidas.
Durante la cosecha de cereales, una combinación incorrecta entre velocidad de avance, alimentación, trilla, separación y limpieza puede incrementar la cantidad de grano que queda en el campo o que sale de la máquina sin haber sido recuperado adecuadamente.
Los sistemas inteligentes buscan utilizar sensores para detectar estas variaciones y modificar automáticamente determinados parámetros.
La investigación actual también incorpora visión artificial y aprendizaje automático para interpretar las condiciones del cultivo. Las cámaras pueden proporcionar información sobre la distribución de las plantas, mientras que otros sensores permiten estimar características del terreno o del material que está ingresando a la maquinaria.

La navegación es otro componente fundamental.
Los sistemas de posicionamiento de alta precisión permiten definir rutas de trabajo y mantener la maquinaria dentro de las áreas de cultivo. Cuando esta información se combina con cámaras, sensores inerciales y otros sistemas de percepción, la máquina puede reconocer obstáculos, límites y cambios en las condiciones del terreno.
Sin embargo, la autonomía completa todavía enfrenta desafíos importantes.
La revisión publicada en 2026 señala que factores como la humedad del suelo, la densidad del cultivo, el acame, la topografía, el polvo, las condiciones de iluminación y la variabilidad de la alimentación pueden afectar la fiabilidad de los sistemas autónomos.
Esto significa que una tecnología que funciona correctamente bajo determinadas condiciones de campo puede necesitar ajustes cuando cambian el cultivo o el entorno.
La nueva generación de maquinaria también está convirtiendo la cosecha en una fuente de información.
Los datos recopilados durante la operación pueden utilizarse para generar mapas de rendimiento, identificar zonas con mayor productividad y registrar las condiciones encontradas durante la recolección.
Esta información puede posteriormente relacionarse con datos obtenidos durante la siembra, fertilización o manejo del cultivo, generando una visión más completa de la producción.
Los llamados gemelos digitales representan una evolución adicional. Una revisión sistemática publicada en 2026 analizó 443 estudios sobre esta tecnología aplicada a maquinaria y robótica agrícola. Estos sistemas buscan crear una representación digital de equipos y procesos físicos para facilitar la monitorización, el mantenimiento predictivo y el control de operaciones.
Para la industria de nutrición animal, la transformación tecnológica de la cosecha puede tener consecuencias que van más allá de la productividad agrícola.
Una recolección más precisa puede contribuir a reducir pérdidas de granos y generar información más detallada sobre rendimiento, humedad y condiciones del cultivo. Estos datos pueden resultar útiles posteriormente para la recepción, clasificación, almacenamiento y evaluación de las materias primas.
En Latinoamérica, el desafío estará en adaptar estas tecnologías a diferentes escalas productivas y realidades agrícolas. El costo de adquisición, la disponibilidad de conectividad, el mantenimiento y la capacitación de los operadores continúan siendo factores relevantes para su adopción.
El desarrollo de cosechadoras autónomas no implica necesariamente la desaparición inmediata del operador. La tendencia actual apunta también hacia modelos de autonomía supervisada, donde la tecnología ejecuta determinadas tareas mientras una persona mantiene el control general de la operación.
La evolución de estas herramientas podría modificar progresivamente la forma en que se recolectan los granos destinados a las cadenas de alimentación animal, haciendo que la cosecha sea un proceso cada vez más automatizado, conectado y basado en datos.
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