El cobre es un micromineral esencial que desempeña un papel fundamental en numerosos procesos fisiológicos. Entre sus funciones destaca su participación en la producción de energía a nivel celular, la protección frente al estrés oxidativo, la formación de hueso y tejido conectivo, la producción de células sanguíneas y el correcto funcionamiento del sistema inmunitario.
En nutrición animal, la suplementación con cobre tiene como objetivo cubrir las necesidades fisiológicas mencionadas, garantizando al mismo tiempo un uso eficiente del mineral y minimizando su excreción al medio ambiente. Además, en diversos países de América y Asia, es habitual utilizar dosis farmacológicas de cobre para favorecer el crecimiento y mejorar el rendimiento productivo.
Tradicionalmente, el sulfato de cobre pentahidratado (CuSO₄ · 5H₂O) ha sido una de las fuentes más utilizadas, principalmente por su bajo coste y su elevada solubilidad. Sin embargo, diferentes estudios han puesto de manifiesto que dosis elevadas durante periodos prolongados pueden provocar una acumulación excesiva de cobre en el hígado, aumentando el riesgo de reacciones prooxidantes y otros efectos adversos asociados a la toxicidad del mineral.
Durante los últimos años ha aumentado el interés por evaluar fuentes alternativas que permitan mantener los beneficios productivos y, al mismo tiempo, reducir la acumulación hepática. Las fuentes de cobre autorizadas en alimentación animal presentan una considerable diversidad química y fisicoquímica: tanto fuentes inorgánicas con diferentes grados de solubilidad y estados de oxidación, así como formas orgánicas en las que el cobre está asociado a aminoácidos u otros ligandos.
| Las características fisicoquímicas de cada fuente pueden condicionar su comportamiento en el tracto gastrointestinal y, en consecuencia, influir tanto en su reactividad e interacciones con otros componentes de la dieta, como en la disponibilidad del cobre para su absorción y utilización por el organismo. |
Entre las fuentes inorgánicas alternativas destacan el óxido de dicobre monovalente (Cu₂O) y el cloruro de cobre tribásico (TBCC), que presentan características fisicoquímicas y cinéticas de disolución gastrointestinal diferentes a las del CuSO₄, lo que podría favorecer una utilización más eficiente del mineral. El objetivo de esta revisión es comparar la evidencia científica disponible sobre estas tres fuentes inorgánicas.
El CuSO₄ · 5H₂O contiene aproximadamente un 25% de cobre y presenta una elevada solubilidad en agua y en medios ácidos. Esta rápida disolución facilita la liberación del mineral en el tracto gastrointestinal, pero también favorece su interacción con otros componentes de la dieta.
El Cu₂O es una fuente monovalente en la que el cobre se encuentra en estado Cu+. Las preparaciones comerciales contienen aproximadamente un 75% de cobre. Su solubilidad en agua es considerablemente menor que la del CuSO₄, aunque puede disolverse gradualmente en las condiciones ácidas del medio gástrico. El comportamiento fisicoquímico puede variar entre preparaciones comerciales en función de su morfología, tamaño partícula y estructura.
Los productos comerciales de TBCC pueden presentarse en tres formas; dos formas cristalinas (αyβ) y una forma amorfa. Aunque todos ellos comparten la misma fórmula química, sus diferencias estructurales pueden influir en sus propiedades fisicoquímicas. En general, suelen ser menos solubles en agua que el CuSO₄, aunque su cinética de disolución puede variar dependiendo de su estructura cristalina y su proceso de fabricación. Los productos comerciales suelen presentar concentraciones de cobre del 53-59%.
En términos generales, los estudios comparativos en lechones muestran una eficacia productiva de los productos comerciales de TBCC similar a la observada con CuSO₄ (Fry et al., 2012; Swanson et al.,2026). El Cu₂O y el CuSO₄ también proporcionan resultados productivos similares cuando se administran a dosis bajas o moderadas y durante periodos breves.
Sin embargo, en estudios que utilizan dosis elevadas (250 mg Cu/kg) y periodos superiores a 3 meses, los animales suplementados con Cu₂O presentan resultados productivos más favorables que los suplementados con CuSO₄ (Blavi et al., 2021). No obstante, esas diferencias no se traducen en una mejora significativa de la eficiencia alimentaria (Forouzandeh, 2023).
| En un trabajo presentado recientemente en un congreso internacional, se comparó la respuesta productiva de un producto comercial de Cu₂O frente a uno de TBCC. Los resultados preliminares sugieren que la suplementación con 75-100 mg de Cu/kg en forma de Cu₂O podría proporcionar un rendimiento productivo similar al obtenido con 150 mg Cu/kg en forma de TBCC. |
No obstante, dado que las dos fuentes no se evaluaron a una misma dosis y los resultados no han sido publicados, no es posible afirmar que el Cu₂O presente una mayor eficacia productiva que el TBCC.
El hígado es uno de los principales órganos implicados en el metabolismo y almacenamiento del cobre. La concentración hepática es un indicador útil del metabolismo y retención del mineral, aunque su interpretación debe considerar factores como la dosis administrada, la duración y el momento de muestreo.
En conjunto, la evidencia disponible indica que, a dosis elevadas, tanto el TBCC como el Cu₂O pueden limitar la acumulación hepática de cobre en comparación con el CuSO₄.
Debido a su elevada solubilidad, el CuSO₄ se disocia rápidamente en el tracto gastrointestinal favoreciendo una mayor disponibilidad immediata de Cu₂+ libre, el cual es potencialmente reactivo. En lechones suplementados con dosis elevadas de CuSO₄, diferentes estudios han descrito alteraciones compatibles con un mayor estrés oxidativo y una respuesta inflamatoria más intensa: aumento de la peroxidación lipídica duodenal, mayores concentraciones de malondialdehído hepático y de TNF-α sérico, y alteraciones en la morfologia intestinal (Forouzandeh et al., 2022; Fry et al., 2012). Se debe mencionar que no todos esos efectos se observaron de manera uniforme ni todos los indicadores fueron evaluados en un mismo estudio.
Los estudios disponibles con productos comerciales de TBCC y Cu₂ O muestran, en general, un perfil oxidativo menos desfavorable. Por ejemplo Fry et al. 2012, observaron que el TBCC empleado conservó mejor la morfología duodenal.
Por otro lado, (Zheng et al. 2017), observaron una mejora de la actividad antioxidante sistémica, con niveles superiores de superóxido dismutasa (SOD) y ceruloplasmina sérica cuando los animales eran suplementados con TBCC. En la misma línea, los estudios utilizando Cu₂ O muestran cambios menos pronunciados en los marcadores de peroxidación lipídica y mayor actividad antioxidante, señalando un perfil menos agresivo que el CuSO₄ (Forouzandeh et al., 2021, 2022).
Aunque está bien establecido que dosis elevadas de cobre poseen propiedades antibacterianas y pueden modular la microbiota intestinal, esta actividad no depende únicamente de la cantidad de cobre suministrada, sino también de las características fisicoquímicas de la fuente.
Existen evidencias obtenidas fuera del ámbito de la nutrición animal que indican que el Cu+ puede presentar una actividad antibacteriana superior al Cu₂+ frente a determinadas especies bacterianas (Chen et al., 2026; Saphier et al., 2018).
No obstante, el estado de oxidación no es el único factor que condiciona la actividad antimicrobiana. En nutrición animal, la cinética de liberación del cobre puede ser especialmente relevante.Fernandez et al. (2024), mostraron que una liberación gradual de cobre permitió prolongar su presencia en el tracto gastrointestinal y alcanzar regiones más distales.
Tanto en porcino como en avicultura, la inclusión de niveles altos de CuSO₄, Cu₂O o TBCC puede modificar la abundancia relativa de determinadas familias bacterianas en ciertos segmentos del tracto gastrointestinal. Sin embargo, la interpretación de estos cambios debe tener en cuenta múltiples factores, como la dosis y la duración de la suplementación, la edad del animal, la composición de la dieta y el desafío sanitario. En este sentido, la evidencia disponible no permite establecer, de forma general, que una fuente de cobre ejerza un efecto más favorable que las demás sobre la microbiota intestinal.
El ácido fítico o fitato posee elevada capacidad para unirse a cationes minerales divalentes como el Cu²+. Esas interacciones pueden dar lugar a complejos de baja solubilidad, dificultando la liberación del fósforo por parte de la fitasa. La magnitud de este efecto depende de la dosis, el pH y la fuente del cobre.
Diversos ensayos in vitro e in vivo demuestran que la interferencia del CuSO₄ con la hidrólisis del fitato es más acusada que la del Cu₂O o el TBCC (Hamdi et al., 2018 ; Pang & Applegate, 2006).
Estas diferencias se relacionan principalmente con la cinética de disolución y el estado de oxidación del cobre liberado. La rápida disolución del CuSO₄ en el medio gástrico genera una mayor disponibilidad inmediata de Cu²+, capaz de interaccionar con el fitato. En cambio, la disolución más gradual de Cu₂O y TBCC, podría limitar la cantidad de cobre iónico disponible para estas interacciones. Además, el Cu₂O contiene cobre en estado Cu+, lo que podría influir en su comportamiento durante la digestión y la interacción con el fitato, aunque todavía no está claramente establecido.
Actualmente, no se dispone de estudios que comparen directamente el TBCC y el a una misma dosis y bajo condiciones experimentales equivalentes.
La fuente de cobre también puede influir en la estabilidad de las vitaminas y las enzimas añadidas a los piensos y las premezclas. Debido a su elevada solubilidad y reactividad, el CuSO₄ puede favorecer determinadas reacciones de oxidación durante el almacenamiento.
En el estudio de Lu et al. (2010) se evalúo y comparó la estabilidad de la Vitamina E en piensos completos formulados con dos fuentes de cobre diferentes. La formulación que contenía TBCC permitió conservar una mayor proporción de vitamina E tras 41 días de almacenamiento en comparación con la formulada con CuSO₄. Asimismo, en un estudio posterior del mismo autor, la inclusión de TBCC permitió mantener una mayor actividad de la fitasa durante el almacenamiento, especialmente durante los primeros 20 días de almacenamiento (Lu et al., 2013).
Un estudio técnico realizado en SAFE France comparó la degradación de la vitamina A en dos premezclas para lechones. Las formulaciones diferían tanto en la fuente de cobre cómo en la de zinc: una contenía ambos minerales en forma de sulfato, mientras que la otra incorporaba Cu₂O y Zn de precisión.
La premezcla formulada con Cu2O y Zn de precisión presentó mayor estabilidad de la vitamina A durante los 3 y 6 meses evaluados, frente a la formulada con sulfatos de cobre y zinc.

Figura 1. Estabilidad de la vitamina A en premezclas con sulfatos vs. minerales de precisión, a 25 °C / 60% HR (SAFE France).
Independientemente de la fuente utilizada, la mayor parte del cobre administrado a dosis elevadas termina siendo excretada. En consecuencia, el nivel de inclusión total en la dieta continúa siendo el factor determinante sobre la carga ambiental.
Es importante comprender que la excreción fecal no procede únicamente de la fracción dietética no absorbida, sino también de origen endógeno, a través de la secreción biliar. Por eso, una mayor acumulación hepática provocada por el CuSO₄ no reduce el impacto ambiental. Desde la perspectiva de la sostenibilidad, la estrategia más eficaz sigue siendo evitar la suplementación innecesaria y ajustar con precisión la dosis a cada fase productiva.
La elección de la fuente de cobre no determina únicamente el aporte de este micromineral, sino también su liberación en el tracto gastrointestinal, su interacción con otros componentes del pienso y su utilización por el organismo.
El CuSO₄ continúa siendo una fuente eficaz y ampliamente utilizada; sin embargo, su elevada solubilidad favorece su interacción con el fitato, las vitaminas, las enzimas digestivas y otros componentes de la dieta.
Además, cuando se administra a dosis elevadas y periodos prolongados, puede producir una acumulación hepática excesiva de cobre y alterar el equilibrio oxidativo del organismo.
El Cu₂O y el TBCC presentan una menor solubilidad en agua y una elevada concentración de cobre. Sin embargo, no deben considerarse fuentes equivalentes, ya que difieren en algunas de sus propiedades fisicoquímicas. El Cu₂O aporta el cobre en estado de oxidación monovalente (Cu+), mientras que en el TBCC se encuentra de forma divalente (Cu²+). Tanto la cinética de disolución como el estado de oxidación pueden influir en la forma en que cada fuente interacciona con el pienso y el entorno gastrointestinal. Asimismo, la estructura cristalina, el tamaño de partícula y el proceso de fabricación también pueden influir en su comportamiento.
En términos de rendimiento productivo, las tres fuentes proporcionan resultados similares. No obstante, el TBCC y Cu₂O muestran algunas características potencialmente más favorables que el CuSO₄. Entre ellas, una menor interferencia con determinados componentes de la dieta y un menor efecto sobre el estado redox. Sin embargo, estos resultados no permiten asumir que el TBCC y el Cu₂O presenten un comportamiento equivalente ni que todos los productos basados en una misma fuente posean las mismas características.
En la práctica, la elección de la fuente de cobre debe considerar el objetivo de la suplementación, la dosis, la duración, la fase productiva, las interacciones con los ingredientes del pienso, la estabilidad del alimento y el coste por unidad de cobre funcional.