07 Jul 2026
El informe World Agricultural Supply and Demand Estimates (WASDE) publicado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) durante julio volvió a captar la atención de la industria de nutrición animal. La actualización de las proyecciones para la campaña 2026/27 mostró una reducción en la producción mundial de maíz y un descenso en las existencias finales, mientras que el panorama para la soya presentó cambios menos significativos.
Aunque el ajuste no representa una situación de desabastecimiento, sí refleja un mercado cada vez más sensible a factores climáticos y geopolíticos. Para América Latina, donde el maíz constituye la principal fuente energética en las dietas de aves, cerdos y bovinos, cualquier modificación en la oferta mundial tiene un impacto directo sobre la planificación de compras y los costos de formulación de alimentos balanceados.
En la mayoría de las fábricas de alimento balanceado de la región, el maíz representa entre el 50 % y el 70 % de la formulación, dependiendo de la especie y del sistema de producción. Su elevado aporte energético y su disponibilidad lo convierten en un ingrediente difícil de reemplazar.

El informe de julio ajustó a la baja la producción mundial de maíz debido, principalmente, a menores perspectivas de cosecha en algunos países productores, especialmente en la Unión Europea. Al mismo tiempo, el USDA redujo las existencias finales globales, lo que mantiene la atención del mercado sobre la evolución de la oferta durante los próximos meses.
Aunque Brasil y Argentina mantienen sin cambios sus proyecciones de producción para la campaña 2026/27, la reducción de la oferta mundial continúa generando incertidumbre entre fabricantes de alimento balanceado y productores pecuarios.
A pesar de las variaciones en la oferta, la demanda mundial de maíz continúa siendo sólida. La expansión de la producción de carne de ave, carne de cerdo, huevos y leche mantiene un consumo elevado de cereales destinados a la fabricación de alimentos balanceados.
En Latinoamérica, países como Brasil, México, Colombia, Perú y Ecuador dependen en gran medida del maíz para abastecer a sus industrias pecuarias. En algunos casos, la producción local no cubre completamente la demanda interna, lo que incrementa la dependencia de las importaciones y hace que los cambios en el mercado internacional tengan un efecto inmediato sobre los costos de producción.
A diferencia del maíz, el mercado mundial de la soya mostró menos cambios en el informe de julio. El USDA mantuvo prácticamente sin modificaciones las perspectivas globales de producción, mientras que Brasil continúa consolidándose como el principal productor y exportador mundial de la oleaginosa.
La harina de soya sigue siendo la principal fuente de proteína vegetal utilizada en la alimentación de aves y cerdos, por lo que la estabilidad en este mercado ofrece cierto equilibrio para los fabricantes de alimento balanceado.
Sin embargo, los analistas advierten que factores como la demanda asiática, las condiciones climáticas y el comportamiento del comercio internacional seguirán influyendo en la evolución de los precios durante el segundo semestre del año.
Ante un entorno de mayor volatilidad, muchas empresas de nutrición animal están reforzando sus estrategias de formulación de precisión para optimizar el uso de las materias primas.
Entre las principales acciones implementadas por la industria destacan:
Estas herramientas permiten mantener el rendimiento productivo mientras se controla el impacto de las fluctuaciones en el precio del maíz y otros ingredientes.
Las proyecciones del USDA indican que el mercado de granos continuará condicionado por la evolución climática en los principales países productores y por el comportamiento de la demanda internacional. Aunque el escenario actual no anticipa problemas de abastecimiento, sí obliga a los distintos actores de la cadena pecuaria a mantener un seguimiento constante de las materias primas.
Para la industria de nutrición animal de América Latina, la eficiencia en la gestión de compras, la formulación flexible y el uso de tecnologías que mejoren el aprovechamiento de los ingredientes serán claves para afrontar un contexto de mayor incertidumbre. En un sector donde la alimentación representa el mayor costo de producción, comprender la evolución del mercado internacional seguirá siendo esencial para mantener la competitividad y la rentabilidad de las explotaciones pecuarias.
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