24 Jun 2026
La utilización del trigo en alimentos balanceados ofrece ventajas nutricionales, pero exige un conocimiento preciso de su composición y del uso de enzimas para maximizar su aprovechamiento
Su incorporación en dietas para aves y cerdos ha aumentado en los últimos años como consecuencia de la volatilidad del mercado del maíz y de la necesidad de diversificar las fuentes de energía utilizadas en la formulación de alimentos balanceados.
Desde el punto de vista nutricional, el trigo presenta características que lo convierten en una excelente alternativa energética. Sin embargo, su utilización requiere un conocimiento detallado de su composición química y de los factores que pueden limitar su digestibilidad.
Una de las principales diferencias entre el trigo y el maíz es su mayor concentración de proteína bruta. Dependiendo de la variedad y de las condiciones de cultivo, el trigo puede contener entre un 11 % y un 15 % de proteína, superando ampliamente los valores habituales del maíz.

No obstante, esta ventaja no elimina la necesidad de formular las dietas con base en aminoácidos digestibles. La calidad de la proteína depende de su perfil de aminoácidos y de la digestibilidad de estos nutrientes.
En términos energéticos, el trigo ofrece valores comparables al maíz, aunque existe una mayor variabilidad entre lotes, lo que hace recomendable realizar análisis frecuentes de composición.
El mayor reto nutricional asociado al trigo es su contenido de polisacáridos no amiláceos (PNA), principalmente arabinoxilanos.
Estos compuestos incrementan la viscosidad del contenido intestinal, dificultan la acción de las enzimas digestivas y reducen la absorción de nutrientes.
En pollos de engorde, un aumento de la viscosidad intestinal puede afectar la conversión alimenticia y favorecer alteraciones de la microbiota.
En cerdos, aunque el efecto suele ser menos pronunciado, también puede disminuir la digestibilidad de la energía y de algunos nutrientes.
La incorporación de xilanasas ha transformado el uso del trigo en nutrición animal.
Estas enzimas degradan los arabinoxilanos presentes en la pared celular del grano, reducen la viscosidad intestinal y favorecen la liberación de nutrientes atrapados en la matriz vegetal.
Diversos estudios han demostrado mejoras en la digestibilidad de la energía, incremento de la ganancia de peso y reducción de la conversión alimenticia cuando las dietas a base de trigo incluyen programas enzimáticos adecuados.
En muchos casos, las xilanasas se utilizan en combinación con otras enzimas como fitasas y proteasas para maximizar el aprovechamiento nutricional.
A diferencia del maíz, el trigo presenta una mayor variabilidad en su composición dependiendo de factores como la variedad, el clima, el contenido de proteína y el peso hectolítrico.
Por ello, las plantas de alimentos balanceados utilizan cada vez más herramientas como la espectroscopía de infrarrojo cercano (NIRS) para evaluar rápidamente la composición nutricional de cada lote y ajustar las formulaciones en tiempo real.
La formulación basada en valores promedio puede generar desviaciones importantes cuando la variabilidad del ingrediente no es considerada.
El trigo constituye una alternativa estratégica cuando su relación precio-energía resulta competitiva frente al maíz.
Además de reducir la dependencia de un solo cereal, permite una mayor flexibilidad en la formulación y contribuye a mejorar la seguridad del abastecimiento de materias primas.
No obstante, su utilización debe ir acompañada de una adecuada suplementación enzimática y de un estricto control de calidad para garantizar resultados consistentes.
El trigo ofrece importantes oportunidades para la nutrición avícola y porcina gracias a su aporte de energía y proteína. Sin embargo, el éxito de su utilización depende del conocimiento de su variabilidad nutricional, del manejo de los polisacáridos no amiláceos y del uso estratégico de enzimas exógenas.
Cuando estos factores se consideran dentro de un programa de formulación de precisión, el trigo puede convertirse en una excelente herramienta para optimizar costos y mejorar la eficiencia de los alimentos balanceados.
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